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Nueva generación de balones intragástricos

Nueva generación de balones intragástricos

Concebido como una técnica no invasiva para reducir el volumen del estómago, algo que ayuda a adelgazar, el balón intragástrico probablemente es un viejo conocido del lector. La nueva generación de balones tiene la gran ventaja de poderse introducir mediante la simple ingesta del balón que, posteriormente, se llena. Su retirada sigue siendo endoscópica con sedación, aunque hay un tipo de balón que no requiere retirarlo, ya que termina disolviéndose en el estómago. Veamos estas novedades.

Es sabido que la solución más efectiva para la obesidad es la cirugía de estómago, pero también es sabido que constituye una intervención con un cierto riesgo vital, posibles complicaciones (algunas de ellas, serias), deja algunas secuelas y tiene un postoperatorio largo y complicado. Todo ello, además de su precio elevado, cuando la operación no esté cubierta por el sistema público de salud. Por todas esas razones, se reserva para casos de obesidad mórbida, en los que muchas veces el riesgo de no operarse es mayor que el de pasar por el quirófano.

Hay diversas técnicas quirúrgicas, desde las que se limitan a reducir el volumen del estómago hasta las que incluyen un bypass que consigue que el alimento no pase por una parte del intestino delgado, que es el órgano en el que se produce la mayor parte de la absorción de nutrientes. Con carácter general, cuanto más invasiva sea la intervención, más eficaz resulta.

De todas formas, hay que recalcar que incluso en la técnica que se limita a reducir el tamaño del estómago, el efecto que se obtiene no es esa mera reducción, sino también un cambio metabólico que facilita bajar de peso, ya que el estómago no es una simple bolsa para contener y disolver la comida, sino algo mucho más complejo. Entre otras razones, porque emite determinadas señales hormonales de saciedad que son recibidas por el cerebro.

Lo anterior viene a colación para que el lector no crea que el efecto de colocar un balón en el interior del estómago (con lo que se reduce su volumen útil) es lo mismo que reducir su tamaño mediante cirugía. Y no es lo mismo por dos razones: en primer lugar, el balón no supone una alteración hormonal de importancia y, por otra, el efecto es temporal, mientras que en el caso de la cirugía, aunque el estómago tiende a recuperar parte de su tamaño con el tiempo, su efecto es de carácter permanente.

Un inconveniente del balón intragástrico convencional es que, aunque mucho menos agresivo que el bisturí, requería endoscopia y sedación tanto para ponerlo como para extraerlo, al cabo de unos cuantos meses. Y es ahí donde las nuevas generaciones de balón traen buenas noticias, ya que pueden implantarse mediante la simple ingesta del balón, que va unido a un tubo por el que se llena, una vez alojado correctamente en el estómago. Estas maniobras se realizan bajo control médico y ecográfico.

La mencionada ingesta del balón requiere una preparación mínima (la toma de medicación durante los días previos y acudir en ayunas) y, tras ella, los días siguientes pueden suponer algunos síntomas poco importantes, como vómitos, diarreas o mareos. Por esta razón, entre otras, es preciso el seguimiento médico durante el tiempo que se tiene el balón en el estómago.

Por lo que respecta a la extracción, hay que distinguir entre dos modelos: el que va lleno de gas (normalmente, nitrógeno) requiere endoscopia y sedación para su retirada, después de tres meses. Sin embargo, el modelo más avanzado, que va lleno de líquido, no requiere retirarlo, ya que se deshace en el estómago y es eliminado de forma natural cuando termina su vida útil, que es de cuatro meses.

El volumen de ambos modelos también difiere, ya que el de gas ocupa unos 250 centímetros cúbicos (el volumen de un vaso normal lleno hasta el borde), mientras que el que va con líquido ocupa algo más del doble. Sin embargo, el de gas admite, bajo criterio médico, la introducción de más de un balón. En ambos casos, y como es lógico, una vez llenado el balón, el tubo por el que se introdujo el gas o el líquido se retira.

Estos balones no están indicados para todo tipo de pacientes, sino solo para los que tienen sobrepeso, es decir, un IMC (Índice de Masa Corporal, que es el peso dividido por el cuadrado de la altura en metros) a partir de 25, y solo hasta una obesidad grado II, que se corresponde con un IMC de 40. No deben tener patologías psiquiátricas ni digestivas, ni ser menores de 18 años o mayores de 60, además de otras contraindicaciones que deberá determinar el médico.

Además de reducir los riesgos generales asociados al sobrepeso o la obesidad, los balones intragástricos pueden suponer una reducción de peso muy ventajosa en caso de tener prevista cualquier tipo de intervención quirúrgica, ya que se reducen los riesgos quirúrgicos derivados de ese sobrepeso u obesidad. En cuanto a la reducción de peso que puede conseguirse, teniendo en cuenta que puede ser muy variable, puede estar en torno a un 40 – 50% del exceso de peso, si bien esto tiene que matizarse.

Y la matización se deriva de que se exige simultanear este procedimiento con una dieta personalizada, control médico y asistencia psicológica. En ocasiones, también se recomienda ejercicio. Solo si se hace así se puede pensar en conseguir el objetivo enunciado más arriba. La razón de todo ello es conseguir un cambio definitivo en los hábitos dietéticos del paciente, para lo que la disminución de la sensación de hambre que proporciona el balón puede suponer una ayuda inestimable.

Es decir, que debe quedar muy claro que el balón intragástrico no tiene nada de milagroso: reduce la sensación de hambre, es cierto, pero su utilización es solo temporal. Si no cambiamos nada, cuando el balón se extrae se recupera el peso anterior a la implantación del mismo. ¿Entonces? Ahí está la clave: hay que aprovechar estos meses de margen que nos da el balón para cambiar los hábitos, de forma que, cuando nos lo extraigan, estén firmemente adquiridos. Porque es en el mantenimiento de los nuevos hábitos donde reside la disminución de peso, y solo mientras esos hábitos se mantengan.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en agosto de 2016