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La carrera del verano

 

La carrera del verano

El ser humano siempre ha demostrado una intensa dificultad a la hora de intentar adelgazar, queremos soluciones rápidas y somos carne de cañón de cualquier formula que nos prometa perder kilos en cuatro días: pastillas para adelgazar, batidos, sobres, etc.

No todos funcionamos igual

Combatir la obesidad no siempre es fácil, pero debe quedar claro que la mayoría de las personas que padecen problemas de sobrepeso es debido a que comen demasiado o son excesivamente sedentarias, o ambas cosas, la solución está en sus manos, si se dejan asesorar adecuadamente. Pero no todo el mundo está dispuesto a hacer un esfuerzo y tener paciencia para ir perdiendo los kilos que sobran de manera racional y poco a poco, de la misma manera que uno no engorda en un santiamén. Es cierto que hay personas cuyo organismo no responde fácilmente a las pautas dietéticas, lo que hace que requieran tratamiento farmacológico o quirúrgico bajo control médico. En estos casos controlar el peso puede ser difícil.

En la SEEDO (Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad), uno de los fundadores establece que los objetivos del adelgazamiento no consisten en alcanzar el peso ideal, sino en pérdidas graduales de peso que se mantengan a largo plazo, cambiando los estilos de vida (alimentación, actividad física y conducta). La dieta para lograrlo debe ser equilibrada y variada, con proteínas, hidratos de carbono y grasas en las debidas proporciones y con ciertos márgenes de discrecionalidad, sin olvidar vitaminas y minerales. Dietas milagrosas sin suficiente base científica han existido siempre. Ahora están de moda las llamadas "proteinadas", basadas en proteínas y deficitarias en hidratos de carbono y grasas. Para seguirlas es necesario adquirir unos preparados especiales, lo que parece que hacen algunos personajes bastante conocidos. En el fondo no son nuevas, ya que su base, reducir hidratos de carbono y dar a las proteínas más papel del que les toca, ya se ha utilizado (dietas de Atkins, de Montignac), con diversas variantes (más o menos grasa). De entrada adelgazan rápidamente, pero son dietas desequilibradas que fuerzan la fisiología del organismo, no hay datos consistentes sobre sus efectos a largo plazo y sabemos que afectan negativamente el metabolismo de las grasas, fuerzan el trabajo renal y provocan la aparición de acetona y otros compuestos cetónicos, procesos todos con efectos negativos. Los compuestos cetónicos, por ejemplo, hacen perder el apetito de manera anómala, afectan negativamente el aliento y provocan otros trastornos. Se somete al organismo a un estrés metabólico que no es normal ni bueno.

El ojo del consumidor

No deja de ser curioso que consumidores cuidadosos con la seguridad de los alimentos no hagan preguntas ante dietas extrañas. Con las ganas de adelgazar olvidan el espíritu crítico.

Volviendo al papel de las proteínas, es cierto que contribuyen a generar sensación de saciedad y que una proporción relativamente elevada en la dieta ayuda a controlar el peso, pero hasta un límite. Este límite, basado en evidencias científicas, es el que marca la legislación a la que deben adaptarse las barritas y batidos sustitutivos de la comida, que son pues productos diseñados con fundamento nutricional y que no fuerzan más allá de lo razonable los márgenes de proporciones entre nutrientes, que es algo que sí hacen las dietas con demasiadas proteínas.

Las prisas nunca son buenas consejeras ni para adelgazar. A veces los promotores de estas dietas las suavizan diciendo que hacen retoques para paliar los efectos de choque o mantener el peso perdido. Estas adaptaciones suelen consistir en aproximarse a una dieta más racional. En definitiva, las dietas milagrosas, proteinadas o no, tienen cosas buenas y originales, pero las buenas no son originales y las originales, no son buenas.

Artículo elaborado por Rivera Farmàcia en julio de 2016