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La fórmula para no recuperar el peso después de adelgazar

 

La fórmula para no recuperar el peso después de adelgazar En realidad, ¿es posible? Sí, lo es. Un reciente estudio realizado en Dinamarca confirma que el secreto para no recuperar el peso tras una exitosa dieta de adelgazamiento es mantener el peso logrado durante al menos un año. Supone un esfuerzo adicional, pero es posible y merece la pena. Porque, después, mantenerlo para siempre será mucho más fácil, ya que el cuerpo habrá cambiado.

Es la pesadilla de todos los regímenes: después del enorme esfuerzo que supone reducir el peso de forma sustancial, todo el sufrimiento se tira por la borda porque recuperamos el peso que teníamos, si no más. Y la confianza en nosotros mismos, tan necesaria para emprender un nuevo intento, se derrumba. Entonces, la tarea de reducir el peso de forma significativa y para siempre parece imposible.

Para comprender cuál es el problema, hay que entender antes que cada uno tiene una especie de "peso programado", al cual tiende. Si determinadas circunstancias alteran ese peso (un viaje, una época de estrés, una dieta...), en cuanto esas circunstancias terminan, el cuerpo recupera su peso anterior. El problema para muchos es que ese peso suele ser mayor que el peso saludable. Y, a veces, mucho mayor.

Esa tendencia a engordar de gran parte de la población es, en realidad, un factor evolutivo favorable que se ha ido configurando a lo largo de miles de generaciones. En efecto, la comida no ha estado siempre asegurada, ni mucho menos, durante la historia del hombre. En periodos de escasez, aquellos individuos constitucionalmente más delgados morían de hambre, mientras que los que comenzaron la escasez con más grasa pudieron sobrevivir.

Pero en las actuales sociedades desarrolladas, en las que la comida está siempre disponible, es barata y, encima, apetitosa, ese factor de supervivencia se convierte en un problema. Añádase a lo anterior la prevalencia del sedentarismo, derivada de los trabajos en silla, la televisión, el ordenador y la generalización de los transportes, y ya tenemos el problema elevado al cuadrado: la epidemia de obesidad que nos amenaza.

El peso al que tiende toda persona está básicamente determinado por la acción de dos hormonas de efecto contrapuesto: la ghrelina, u hormona del hambre, que nos hace comer, y la GLP-1, que reduce nuestro apetito. Cuando sentimos hambre es porque el nivel de ghrelina ha aumentado. Tras comer, su nivel se reduce, a la vez que aumentan los niveles de la GLP-1.

De esta forma, cuando adelgazamos aumenta el nivel de ghrelina y sentimos un hambre tan fuerte que, según una de las investigadoras del estudio, necesitamos el alimento como si fuera una droga. Para colmo, en su lucha para mantener el peso programado, nuestro cuerpo transforma más calorías en grasa que antes de empezar la dieta. La consecuencia de todo ello es que recuperamos el peso perdido.

Sin embargo, y ahora empiezan las buenas noticias, al parecer ese peso programado no es para siempre. Una investigación realizada por, entre otros, Signe Sorensen Torekov, profesora de Ciencias Biomédicas en la Universidad de Copenhage (Dinamarca) indica que esa programación dura "solo" un año, de forma que, una vez transcurrido ese tiempo en el nuevo peso, nuestro cuerpo habrá cambiado su peso programado.

Y las comillas las ponemos, obviamente, porque ese año puede ser duro e interminable, ya que durante ese periodo tendremos que seguir luchando tenazmente para no ganar ese peso que nuestro organismo parece empeñado en recuperar. Pero, al menos, ahora sabemos que esa lucha no será eterna: dos meses de dieta muy dura, otros doce meses de mantenimiento costoso, y nuestro cuerpo habrá cambiado para siempre.

El estudio, publicado en la Revista Europea de Endocrinología, fue realizado en veinte voluntarios que fueron sometidos a una dieta muy estricta durante ocho semanas. Perdieron, en promedio, 12,5 kilos cada uno, lo que no deja de ser un peso considerable. A continuación, tuvieron que seguir durante un año otro régimen lo suficientemente duro como para mantener el nuevo peso conseguido.

Pasado ese año, sus cuerpos habían cambiado y se habían adaptado al nuevo peso, ya que no luchaban contra él, como al principio. Por decirlo de otra manera, ya no les costaba un esfuerzo enorme no engordar, sino que era suficiente con mantener la guardia para que la báscula no les diera más sustos. Habían cambiado su peso programado a uno menor y sus hormonas se habían estabilizado en los nuevos niveles.

Pero el cambio no era solo psicológico, sino también hormonal y demostrable con análisis en la mano: tras consumir una bebida de 600 kilocalorías, produjeron un 65% más de GLP-1 (la hormona inhibidora del hambre) que un año antes. Eso significa que se saciaban más fácilmente. Además, la ghrelina disminuyó, con lo que sentían menos hambre.

Las conclusiones que nos aporta este estudio son importantes y suponen un soplo de optimismo en este mundo a veces oscuro y deprimente de las dietas, la obesidad y las ilusiones truncadas: adelgazar es duro y mantener lo adelgazado, también lo es; pero, al menos, ahora sabemos que todo ese sufrimiento no va a ser en vano ni para siempre, ya que "solo" durará un año, una vez conseguido el nuevo peso.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en junio de 2016