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El tamaño de las raciones, culpable

 

El tamaño de las raciones, culpableSe sabe que en las últimas décadas ha aumentado de forma muy preocupante la epidemia de obesidad, pero no se sabe exactamente a qué se debe, ya que los expertos no parecen ponerse de acuerdo. Se han señalado muchos culpables, y probablemente todos lo sean en mayor o menor medida: la televisión, ordenadores y otros aparatos que aumentan el sedentarismo; la mayor disponibilidad de los transportes; los trabajos que ya no requieren esfuerzo físico; los intereses de las grandes empresas de alimentación... Ahora, un reciente estudio señala uno nuevo: el aumento en el tamaño de las raciones.

Mucha gente no lo sabe, pero desde los años 50 ha aumentado de una forma disparatada el tamaño de las raciones que se consumen. Valga como muestra varios ejemplos, que son de Estados Unidos pero probablemente puedan hacerse extensivos a cualquier otro país desarrollado: el filete promedio ha aumentado un 50%, pasando de 160 a 240 gramos, y de 425 Kilocalorías a 640; la hamburguesa, de 112 a 344 gramos, triplicando así su tamaño, y las patatas fritas de 70 a 200 gramos.

Quizá algunos piensen que, en el fondo, el tamaño de la ración no es importante, porque siempre podremos dejarnos una parte sin comer, si no tenemos más ganas, o pedir otra, si nos apetece comer más. Están equivocados. La evidencia científica, basada en multitud de estudios, indica sin lugar a dudas que si se ofrece más, se consume más. Y de ahí el valor de la afirmación inversa: si se ofrece menos, es decir, si las raciones son más pequeñas, se consumirá menos.

La doctora Theresa Marteau, profesora de Comportamiento y Salud en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, ha encabezado un equipo de investigadores que ha realizado una revisión científica de estudios sobre el tema, publicada en British Medical Journal. Las conclusiones son apabullantes, ya que afirman que si se eliminaran las porciones más grandes de las comidas engordantes se reduciría la cantidad de calorías ingeridas de un 12 a un 16 por ciento en Gran Bretaña y de un 22 a un 29 por ciento en Estados Unidos.

Por ello, afirman estos expertos, la disminución de las porciones de las comidas engordantes reduciría en gran medida la epidemia de obesidad que se sufre en la actualidad en casi todo el mundo. ¿Qué se puede hacer? Los expertos sugieren a los gobiernos muchas medidas, como dictar normas que limiten el tamaño y la disponibilidad de las raciones grandes de ciertos productos poco sanos.

También recomiendan obligar a los fabricantes a que el precio por kilo sea el mismo con independencia del tamaño de la ración, de forma que no resulten relativamente más económicos los envases más grandes y, por ello, más atractivos. Igualmente, habría que prohibir que se promocionasen dichos envases grandes. Por lo que respecta a la vajilla (tanto platos como vasos), proponen tamaños estándar moderados, de forma que salirse de ellos supusiera una mayor carga impositiva.

Para muchos, la cuestión es: ¿deben impulsarse estos cambios de forma unilateral e impositiva por parte de los gobiernos, o confiar en la responsabilidad social de las empresas e intentar acciones conjuntas voluntarias? La respuesta la han dado ya con hechos las propias empresas, para las que el único objetivo parece ser el beneficio, y saben que ofrecer mayores cantidades supone mayores consumos y, por tanto, mayores beneficios. Por eso, los expertos recomiendan en su estudio aplicar sanciones a las empresas que no colaboren en programas voluntarios, lo que los convertiría, en la práctica, en no tan voluntarios.

Sin embargo, estos cambios suponen enormes dificultades. Veamos, si no, lo que ocurrió en Nueva York en el año 2012. Su alcalde, Michael Bloomberg, se propuso luchar contra la obesidad y la diabetes tipo 2 en la medida de sus posibilidades. Para ello, hizo aprobar una norma que prohibía la venta de bebidas azucaradas de más de 464 c.c. (que ya está bien, dicho sea de paso, ya que es casi medio litro). El primer problema surgió cuando tuvo que limitar la medida a los establecimientos que sirven comidas (restaurantes, carritos callejeros, estadios...), ya que los supermercados e hipermercados se regían por normas estatales.

Pero ahí no acabaron sus problemas, ya que, tras numerosos recursos interpuestos por las empresas perjudicadas, el Tribunal del Estado rechazó dos años y medio más tarde que la medida entrar en vigor. Una vez más, ganaron las empresas y perdieron los ciudadanos. Si a esto sumamos que muchas administraciones no pueden o no quieren luchar contra ciertos intereses creados, el panorama resulta ciertamente poco esperanzador.

Por ello, no podemos quedarnos de brazos cruzados en espera de que los gobiernos se decidan a coger el toro por los cuernos o, más ilusorio todavía, que las empresas se conciencien y actúen teniendo en cuenta la salud de sus clientes. La recomendación a los consumidores para que utilicen platos pequeños y raciones menores ha sido hecha por numerosos expertos, y su utilidad ha sido contrastada en muchos estudios. Así que, hasta que las autoridades quieran o puedan hacer su trabajo, no nos quedará más remedio que intentar hacerlo nosotros.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en marzo de 2016

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