NOTICIAS PARA ADELGAZAR SIN DIETAS DE UNA FORMA SALUDABLE
SÍGUENOS EN

Estamos perdiendo la guerra contra la obesidad

 

Estamos perdiendo la guerra contra la obesidad La prestigiosa The Lancet levanta la voz de alarma para advertir al mundo de que una importante guerra se está perdiendo: la obesidad avanza de forma inexorable y, con ella, las desastrosas consecuencias para la salud de la población mundial. Los gobiernos, por su inoperancia a la hora de actuar, son los máximos responsables; pero también lo son los fabricantes y, por supuesto, todos y cada uno de nosotros.

The Lancet ha dedicado ni más ni menos que seis artículos al problema, lo que da una idea de la importancia que concede al mismo. En ellos se informa de que las distintas administraciones apenas han tomado medidas y, cuando lo han hecho, no han sido contundentes; incluso, en ocasiones se han limitado a confiar en la buena voluntad de la industria. El resultado es que ni en uno solo de los países del mundo se ha conseguido revertir la epidemia de obesidad.

Para ilustrar la magnitud del problema, podemos indicar que casi un 40% de la población mundial (concretamente, un 37% de hombres y un 38% de mujeres), padece sobrepeso u obesidad, es decir, tienen un IMC de 25 o mayor. Pero peor que la situación es la tendencia: en los últimos 35 años, esta cifra ha aumentado un 28% en los adultos y, lo que es más preocupante todavía, un 47% en la población infantil.

El problema alcanza a todos los países, pero en especial a los más desarrollados: Estados Unidos, Europa Occidental, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Pero, por desgracia, los países emergentes y en vías de desarrollo están siguiendo la misma senda que los anteriores. La culpa es, sobre todo, de los gobiernos, pero los fabricantes tampoco son inocentes, ya que ponen de forma sistemática sus intereses económicos por encima de la salud de la población.

Así, muchas multinacionales del sector están siguiendo una estrategia similar a la desplegada hace unos decenios por las grandes tabaqueras: dirigen sus mensajes y sus esfuerzos comerciales hacia los más pequeños, a fin de crear en ellos malos hábitos de alimentación y preferencia por lo dulce, bebidas azucaradas, bollería, aperitivos y comida procesada.

Así, además del consumo actual (la comida infantil procesada supondrá este año 19.000 millones de dólares, con un crecimiento de casi un 39% en los últimos nueve años), tienen asegurados unos buenos ingresos futuros, pues los niños gordos serán, probablemente y si no lo remedia nadie, adultos obesos; y, por tanto, grandes consumidores de los productos poco saludables de una industria tan insaciable como el apetito de sus clientes.

¿Qué hacer? Parece claro que quienes deben mover ficha son los gobiernos. Según los expertos, deben aplicar políticas decididas encaminadas a fomentar el consumo de alimentos saludables, como frutas y verduras. Deberían bajar los impuestos sobre esta clase de alimentos, e incluso crear vales para que las familias con menos recursos puedan comprarlos. Y, paralelamente, aumentar la carga impositiva sobre los alimentos menos sanos.

A ello habría que añadir otras muchas actuaciones, como campañas de concienciación; fomento del deporte, especialmente entre los jóvenes; endurecer la normativa sobre publicidad e información en el envase de los productos menos sanos y prohibir o restringir mucho ciertos ingredientes especialmente dañinos, como los aceites de palma o coco y, sobre todo, las grasas trans.

Pero la responsabilidad de los gobiernos en esta verdadera catástrofe no debe ocultar la que tenemos cada uno de nosotros en nuestros comportamientos individuales. Porque es cierto que la fiscalidad, la publicidad, ciertas presiones sociales, el ritmo acelerado de nuestras vidas y otros muchos factores nos empujan a comer de forma poco sana y a movernos poco. Pero, al fin y al cabo, casi siempre son nuestras decisiones personales las que nos empujan a la obesidad.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en febrero de 2016

Artículos de Adelgazar.net relacionados:
      La epidemia de obesidad, ¿un desastre inevitable?
      Globesidad: tres razones para luchar contra la epidemia
      La obesidad es más dañina para la humanidad que el tabaco