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¿Comer antes de dormir? OK, pero con tres condiciones

 

¿Comer antes de dormir? OK, pero con tres condiciones Abrir la nevera antes de acostarse ha sido desde siempre uno de los actos más prohibidos (y más tentadores) para aquellos que hacen dieta con el fin de bajar de peso. Pero, según un reciente estudio, esto podría cambiar, siempre y cuando se respeten ciertas reglas: no pasarse en la cantidad, limitarse a comer proteínas y hacer ejercicio con regularidad. Veamos las razones de estas tres reglas.

Todo el mundo sabe que es recomendable cenar con cierta antelación al sueño (varias horas), y muchas veces es justo antes de irse a la cama cuando bajamos la guardia, que ha estado firme todo el día, y caemos en la tentación. Es un momento psicológico difícil, y las calorías ingeridas en esos instantes de flaqueza pueden tirar por tierra el esfuerzo del resto de la jornada. Por si esto fuera poco, tendemos a comer precisamente aquello que menos nos conviene.

Hay algún truco que puede ayudarnos a resistir la tentación, como lavarnos los dientes después de cenar o no tener a mano comida apetitosa y de ingesta inmediata sin preparación (galletas, snacks, bollería...). Sin embargo, al parecer, caer en esta última tentación del día podría no ser tan malo, siempre que se respeten tres condiciones: la primera es no pasarse con las calorías: en torno a 150 podría ser admisible, pero no más.

Esta primera condición parece evidente, ya que se supone que con anterioridad hemos hecho las comidas que necesitamos, que deben ser cinco: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena. Si a eso añadimos una sexta todos los días, el balance energético puede descompensarse y empezar a acusarlo la báscula y, lo que es peor, nuestra salud. Además, sería conveniente no caer en esta tentación de comer antes de ir a la cama todos los días, sino solo aquellos en los que sintamos una tentación irresistible.

La segunda condición es que nos limitemos a comer proteínas. La razón de ello es que tomar proteínas a esa hora ayuda a controlar el apetito por la mañana, estimula el metabolismo, favorece el desarrollo muscular y esquelético y, por último, su digestión durante el sueño supone un consumo apreciable de calorías. Pero conviene que sean proteínas de origen animal: lácteos, huevos, pescado o carne.

Ejemplos adecuados serían, por citar solo algunos: un par de yogures desnatados (105 Kcal.), un vaso de leche desnatada (66), cien gramos de pollo (unas 100), ciento cincuenta gramos de queso desnatado (120) o cien gramos de jamón, cocido o serrano, sin grasa (unas 150). Pueden buscarse combinaciones de los alimentos anteriores, o incluso otros semejantes, siempre con el límite de las 150 Kilocalorías citado anteriormente y evitando en lo posible grasas e hidratos.

La tercera condición, y muy importante, es que realicemos una actividad física con regularidad (un mínimo de tres veces por semana). Todos sabemos que moverse es muy sano, pero, ¿qué tiene que ver la actividad física con poder, o no, picar antes de acostarse? La investigación a que hacemos referencia, realizada por expertos de la Universidad Estatal de Florida (Estados Unidos) nos da la respuesta.

En personas sedentarias, esas calorías extra ingeridas antes de dormir producen picos de insulina y glucosa en sangre que, a la larga, supondrán un acúmulo de grasa e, incluso, riesgo de diabetes tipo 2. Por el contrario, en las personas que hacen ejercicio con regularidad no se producen esas subidas de glucosa e insulina, ya que el ejercicio las consume.

Además, al tener más masa muscular, quienes hagan ejercicio tienen un metabolismo basal mayor, lo que ayuda también a eliminar esos excesos de glucosa e insulina anteriormente comentados. De ahí que solo si realizamos una cierta actividad física regularmente estaremos "autorizados" a picar antes de acostarnos. Siempre y cuando, por supuesto, respetemos las otras dos reglas: no pasarse en la cantidad y limitarse a ingerir proteínas.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en enero de 2016