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Cómo fijar tus objetivos para perder peso

 

Cómo fijar tus objetivos para perder peso Muchas veces, son la base del éxito. O del fracaso. Por ello, es muy conveniente saber marcarse unos objetivos inteligentes, eficaces y alcanzables. La importancia de marcarse unos buenos objetivos a la hora de perder peso es fundamental para llevar una vida más saludable y sentirse más satisfecho con uno mismo. El problema es que mucha gente no sabe cómo hacerlo. Veamos unos consejos que facilitarán esa tarea.

La importancia de los objetivos a la hora de adelgazar radica en una mecánica psicológica inexorable: alcanzar el objetivo supone lograr el éxito, y lograr el éxito refuerza la confianza en nosotros mismos. Eso nos dará fuerzas para abordar nuevos objetivos, y así ir progresando cada vez más. Pero también funciona al revés: si no logramos el objetivo, se socavará nuestra autoestima, perderemos la fe en nosotros mismos, podemos caer en la frustración y el abandono y seremos más débiles la próxima vez que lo intentemos.

Por lo anterior, es muy recomendable tener en cuenta dos cosas. En primer lugar, olvidarse de las dietas milagro. Pueden ser malas para la salud, está contrastado científicamente que no funcionan a largo plazo y, al final, minarán la confianza en nosotros mismos. La segunda cosa importante es diferenciar entre objetivos a corto y a largo plazo.

Tratar de conseguir de una vez un objetivo demasiado ambicioso (como perder quince kilos, por ejemplo), es la mejor manera de garantizarse el fracaso. La experiencia de muchas personas indica que es mucho mejor plantearse un objetivo más modesto y realizable y, solo cuando se ha conseguido y se tienen fuerzas suficientes, buscar otro objetivo igualmente modesto.

Pero es muy importante asumir que si no se cuenta con un ánimo y empeño decidido para afrontar el nuevo objetivo, es preferible consolidar lo que hemos logrado y esperar a tener nuevas motivaciones y fuerzas. Lo importante es no retroceder jamás, es decir, no permitir que perdamos lo logrado. Es mejor perder cuatro kilos para siempre que intentar el logro de un objetivo mayor cuando no tenemos fuerzas para ello.

Y con esto nos topamos con otra consideración de interés: hay que tener en cuenta que reducir el peso de forma moderada ya supone una mejora apreciable de nuestro estado de salud, si esta reducción es para siempre. Por tanto, si nos marcamos un objetivo a corto plazo modesto y lo conseguimos, pero no nos sentimos con fuerzas para conseguir otro mayor, habremos logrado ya algo muy valioso, siempre que mantengamos lo conseguido.

Como hemos comentado antes, lo importante es no retroceder, porque los retrocesos son fracasos que minan nuestra moral y nuestras fuerzas (aunque, si ocurre, deberemos asumirlo, no abandonar y empezar de nuevo con renovada ilusión). Por eso, en ocasiones un objetivo muy a considerar puede ser mantener el peso conseguido, es decir, consolidar nuestras conquistas. Ejemplos típicos serían no engordar durante las próximas vacaciones o mantenernos en un peso determinado que hemos conseguido tras una dieta costosa.

Es muy útil también diferenciar entre objetivos de resultado (por ejemplo, bajar cinco kilos en los próximos dos meses) y objetivos de comportamiento, como andar cada día una hora. Los objetivos de comportamiento son muy interesantes, pues su cumplimiento facilita el alcanzar objetivos de resultado y, de alguna manera, nos marcan el camino a seguir. Objetivos de comportamiento pueden ser, por ejemplo, además del ya indicado, no comer entre horas, no tomar postres dulces, tomar cinco raciones diarias de frutas o verduras...

Por último, los objetivos que nos propongamos deben ser cuantificables, concretos, ajustables y con su evolución registrada por escrito. Cuantificable significa que no vale decir: "andar más"; es conveniente cuantificarlo, y fijarnos andar cada día una hora. Concretos se refiere a que conviene definir exactamente lo que se pretende: no es suficiente con proponernos comer más sano, sino que hay que concretar: no comer bollería, precocinados ni snacks, por poner un ejemplo.

Hay ocasiones en que los objetivos deben ser ajustados a una nueva situación. Así, si un día nos cambian el horario de trabajo y ya no podemos acudir al gimnasio, podemos sustituir esas horas de ejercicio intenso por ir en bici al trabajo, si supone un esfuerzo similar. O, si vemos que nos cuesta muchísimo no picar entre horas, podemos permitírnoslo hacerlo una vez al día, pero a cambio no tomaremos postres dulces.

Por lo que se refiere a documentar por escrito la consecución de nuestros objetivos, es sabido que hacerlo puede constituir un importante acicate para lograrlos. Así, hacer una gráfica semanal de nuestro peso, en la que podamos ver nuestro progreso temporal en la consecución del peso que nos hemos marcado como objetivo puede ser una motivación excelente para esforzarnos.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en noviembre de 2015