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Cuidado con la fructosa

 

Cuidado con la fructosa Una reciente investigación alerta sobre los peligros de la fructosa, que pueden ir más allá de las calorías que contiene. La reacción del cerebro ante este tipo de azúcar es diferente de la que se produce ante la ingesta de glucosa, por ejemplo. Cuando se toma glucosa, se produce saciedad; sin embargo, la reacción del cerebro ante la fructosa es la de pedir más comida. Por ello, si nos preocupan el sobrepeso y la obesidad, conviene limitar la cantidad que se toma de fructosa.

Ha pasado ya el tiempo en que se creía que la mayor o menor conveniencia de un alimento, de cara a evitar la obesidad, era solo función de las calorías que contiene. El azúcar, en general, con 400 cada 100 gramos, era uno de los enemigos a evitar, pero solo por su contenido calórico. Hoy día sabemos que puede encerrar más peligros, además de por producir caries y, lo que es más importante, por sus efectos sobre la diabetes.

Hay que comenzar diciendo que hay muchos tipos de azúcares, algunos de los más comunes son la fructosa y la glucosa. El azúcar de mesa, que además de su uso como tal es ingrediente de muchos postres, es básicamente sacarosa, si bien en el intestino se descompone en glucosa y fructosa. Y es precisamente de la fructosa de la que nos vamos a ocupar a continuación.

Las sospechas sobre este azúcar vienen de lejos, ya que su consumo ha ido aumentando durante los últimos decenios, en paralelo al aumento de obesidad en el mundo desarrollado. Aunque esto, como es lógico, no prueba nada por sí solo, ha sido en la reunión anual del Colegio Americano de Neuropsicofarmacología, celebrada recientemente en Phoenix, Arizona (Estados Unidos), donde se ha presentado el trabajo que pone a esta sustancia en el disparadero.

La investigación comparó el efecto que tienen en el organismo dos tipos de azúcar muy parecidos (de hecho, tiene la misma fórmula química), pero diferentes: la glucosa y la fructosa. Fue realizada por Kathleen Page, de la Escuela Keck de Medicina, en colaboración con otros investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad del Sur de California, en Estados Unidos.

Los investigadores pudieron comprobar el distinto efecto que tenían ambos azúcares en el cerebro. Así, mientras la glucosa producía sensación de saciedad, la fructosa parecía tener el efecto opuesto. Por una parte, producía menos saciedad que la glucosa; pero, por otra, provocaba una mayor estimulación de los centros de recompensa del cerebro, con lo que el organismo "pedía" más comida y se incrementaba el deseo de comer más.

Lo anterior pudo comprobarse tanto en experimentos con roedores como con pruebas objetivas en 24 voluntarios de 16 a 25 años de ambos sexos. Mediante imágenes de Resonancia Magnética Funcional, los investigadores verificaron en los voluntarios que la ingesta de fructosa producía más ansia de comer que una cantidad equivalente de glucosa.

Hay que partir de la base de que, si bien es cierto que la lista de alimentos que tienen fructosa sería interminable, en la práctica son tres las fuentes más habituales de este tipo de azúcar: las frutas, el azúcar refinado, y como componente de muchos alimentos elaborados, normalmente como jarabes de maíz. La enumeración de estos alimentos elaborados sería muy extensa, pero podemos destacar las salsas de tomate y otras salsas, mermeladas, refrescos, zumos, sopas, congelados, conservas, bollería industrial...

¿Qué consecuencias prácticas se obtienen de estas investigaciones? Pueden resumirse en el título de este artículo: cuidado con la fructosa. No se trata de proscribir las frutas, ni mucho menos, porque son beneficiosas para la salud. Pero sí de tomar solo la cantidad necesaria de ellas, siguiendo las indicaciones del médico o nutricionista. Por lo que respecta al azúcar refinado, se puede ser más terminante a la hora de proponer su eliminación o reducción al mínimo, pues apenas aporta nada de interés desde un punto de visto nutricional.

Más complicada es la limitación de la fructosa cuando nos referimos a la tercera fuente: como parte de alimentos elaborados. Aquí salen en nuestra ayuda las nuevas normas sobre etiquetado. El problema es que, la mayoría de las veces, se limitan a indicar su contenido en azúcares, sin especificar si son o no fructosa; sin embargo, a veces sí se indica el contenido en este tipo concreto de azúcar. En todo caso, si compramos productos que tengan una cantidad mínima de azúcares, no nos equivocaremos.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en mayo de 2015

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