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La cirugía de estómago proporciona
más esperanza de vida

 

La cirugía de estómago proporciona más esperanza de vida Es una operación de importancia y tiene sus riesgos, pero es eficaz, proporciona una mayor calidad de vida y, a medio y largo plazo, da una mayor supervivencia que la de aquellos otros pacientes que, en condiciones similares, no se operaron. Hay casos claros en los que está indicada, y otros en los que no; en muchas otras situaciones intermedias la decisión, tras el asesoramiento médico, será solo nuestra.

Una inmensa mayoría de especialistas consideran la cirugía bariátrica como el método más efectivo y definitivo para adelgazar, sobre todo en los casos más graves. Sin embargo, además de su coste (cuando no esté cubierta por la sanidad pública), presenta inconvenientes importantes, derivados de que no es, precisamente, una intervención leve.

En primer lugar, no debe obviarse el riesgo vital que toda intervención de importancia conlleva. Si bien las estadísticas son variables, suele aceptarse que el riesgo inmediato derivado de la operación oscila en un margen amplio centrado entre el uno y el dos por ciento, si bien es cierto que depende mucho del estado clínico previo del paciente: nivel de obesidad, posible diabetes, edad, complicaciones anejas del estado de salud, etcétera.

Dado que este riesgo, como decimos, no es desdeñable, y teniendo también en cuenta los problemas posoperatorios que pueden venir después, es de suma importancia informarse muy bien acerca de la intervención y pedir consejo médico. Si es posible, de varios profesionales diferentes, para no depender solo de una opinión.

También es recomendable ponerse en manos de un buen profesional, a fin de asegurarse de que va a cumplir con todos los procedimientos exigibles, entre los que debe estar el brindar una información al paciente adecuada, para que este dé su consentimiento correctamente informado. Por último, hay que resaltar que la cirugía, por lo visto más arriba, debe dejarse como la última opción, tras fracasar otras alternativas, como dieta, ejercicio, tratamiento psicológico o fármacos.

Para que el lector pueda hacerse una idea de la importancia y las dificultades de la intervención, hay que decir que las complicaciones posoperatorias son frecuentes, y en torno a uno de cada cinco pacientes debe volver a ser ingresado en el hospital durante el periodo de seis meses posterior a la operaciónen como consecuencia de dichas complicaciones: hemorragias, inflamación, hernias, infecciones... Y otros muchos sufrieron problemas de menor importancia que requirieron tratamiento sin ingreso hospitalario.

Una vez vistos los aspectos negativos de la intervención, pasemos a los positivos, que también son muy de tener en cuenta, sobre todo cuando se trata de obesidad mórbida que no ha podido ser controlada por otros medios. En estos casos, podemos llegar a la conclusión de que, si bien es cierto que es malo operarse, no hacerlo es peor. Los datos del estudio que vamos a ver a continuación así parecen demostrarlo.

Fue realizado por expertos del Instituto del Grupo de Investigación en Salud en Seattle (estados Unidos), encabezados por David E. Arterburn y publicado en la revista especializada JAMA. Se prolongó durante 14 años, y se realizó sobre 2.500 pacientes sometidos a esta intervención. De ellos, el 74% se sometió a bypass gástrico, el 15 a una gastrectomía en manga, el 10 a una banda gástrica ajustable y el 1% restante, a otras técnicas. Por su parte, otros 7.472 pacientes no se sometieron a intervención alguna y sirvieron como grupo de control.

La edad media de los pacientes intervenidos fue de 52 años, y la de los del grupo de control, 53. También fue muy parecida la cifra media del IMC: 47 y 46, respectivamente. Para que el lector pueda hacerse una idea cabal de la obesidad que supone un IMC de 47, hay que decir que se corresponde, por ejemplo, con una persona de 1,75 metros de altura y 144 kilos de peso; o bien, 1,60 y 120 kilos. Hay que recordar que el IMC es el peso dividido por la altura en metros al cuadrado.

En este punto conviene saber que el IMC mínimo, a partir del cual se puede considerar la posibilidad de la intervención, varía con la opinión del profesional y la situación clínica del paciente, pero en ningún caso debe ser inferior a 35, que se corresponde con 1,75 de altura y 107 kilos, o 1,60 y 90. Sin embargo, la mayoría de las personas que se someten a cirugía superan ampliamente los pesos indicados.

El equipo investigador encontró, tras los 14 años de seguimiento comentados más arriba, que la tasa de mortalidad del grupo de pacientes que se sometió a la intervención fue más elevado durante el primer año (2,4 por ciento en los operados, frente al 1,7 del grupo de control), algo que es consistente con los riesgos y complicacines derivados de la intervención que ya hemos comentado anteriormente. Hay que tener en cuenta, sin embargo que no todas las personas fallecidas en ese primer año lo hicieron ocmo consecuencia de la intervención.

Sin embargo, una vez superado este periodo crítico, la situación se invirtió: la mortalidad durante los cinco primeros años fue del 6,4 % en el grupo de los operados, frente al 10,4 de los que no se operaron. A los 10 años, la diferencia aumentó: 13,8 frente a 23,9, respectivamente. Las cifras parecen ser lo suficientemente contundentes como para considerar la posibilidad del quirófano, a pesar de los problemas comentados más arriba. La decisión, en último término, es del paciente.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en abril de 2015

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