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Las nuevas etiquetas de productos alimenticios nos pueden ayudar a perder peso

 

Las nuevas etiquetas de productos alimenticios nos pueden ayudar a perder peso Y mejorar nuestra salud, siempre que las tengamos en cuenta a la hora de hacer la compra. Las normas sobre el nuevo etiquetado, que entraron en vigor, en su mayor parte, a finales del año pasado, incluyen importantes novedades que nos pueden permitir comer mucho más sano. Entre otra información, han de indicar el contenido calórico y el tipo de grasas que incorpora el alimento. Veamos cuáles son esas novedades y en qué forma nos pueden ayudar en nuestra lucha contra el sobrepeso y la obesidad.

Hay que empezar diciendo que el cambio no lo notaremos en exceso, pues la mayoría de las empresas europeas se han ido adaptando durante el periodo de tres años que las autoridades de la Unión han concedido para ello (el reglamento se aprobó en 2011). Pero también es cierto que es un buen pretexto para que nos empecemos a fijar mucho más en las etiquetas de los alimentos.

En primer lugar, se fija el tamaño mínimo de la letra de las etiquetas. En los envases de más de 80 centímetros cuadrados deberá ser, al menos, de 1,2 milímetros; en el resto, de 0,9. Según algunas asociaciones de consumidores, este tamaño dista mucho de poderse leer bien, por lo que se muestran insatisfechas, y con razón. Se propuso un tamaño mínimo de 3 milímetros, pero la industria se resistió y, finalmente, consiguió su objetivo.

Este empeño en poner letra pequeña hace sospechar que, en ocasiones, los fabricantes no están muy interesados en que el consumidor lea la composición de sus productos, lo cual es un motivo más para hacerlo. Además del tamaño mínimo de la letra, otra obligación es que toda la información debe estar junta, de manera que el comprador pueda acceder a ella de un vistazo. Antes, era frecuente que estuviera dispersa por distintas partes del envase.

Quizá la novedad más importante sea la obligación de poner la información nutricional, cosa que se solía ver en los envases pero que, al no ser obligatoria hasta ahora, algunos fabricantes la omitían o no la ponían de una forma tan completa como obliga la nueva norma. Así, tendrán que indicar el valor energético por cada 100 gramos o 100 mililitros (fundamental para decidir su compra o no), el contenido en grasas y grasas saturadas, proteínas, hidratos, azúcares y sal. Y, por cierto, a la sal se la llamará sal, no sodio.

Muchos de nosotros ya nos hemos acostumbrado a leer el contenido energético por cada 100 gramos y ya sabemos distinguir, de inmediato, qué alimentos engordan más. Y dentro de los del mismo tipo, intentamos escoger el que tenga menos calorías, aunque cueste un poco más. Esto, a su vez, tiene el efecto positivo de que el fabricante, al ver que se venden mejor los alimentos menos calóricos, hará un esfuerzo por aligerar sus productos.

Otro cambio fundamental es la obligación de especificar el tipo concreto de grasa. Ya pasó el tiempo en que el consumidor creía que las grasas vegetales eran buenas y las animales, malas. Basándose en ello, muchos fabricantes indicaban que sus productos estaban hechos a base de grasas vegetales, sin especificar más. Eso era algo que tenía que cambiar, porque la información, además de incompleta, podía llegar a ser engañosa.

Ahora, los consumidores estamos más formados en temas de nutrición y sabemos que muchas grasas vegetales, como la de coco o palma, son muy saturadas y peores que las animales, porque incrementan más el colesterol malo (LDL). En cambio, las grasas insaturadas, como el aceite de oliva, incrementan el bueno (HDL). Sin embargo, una de las principales carencias de la nueva normativa es que no obliga a indicar el contenido de grasas trans, que son muy perjudiciales.

Otras cuestiones que pueden resultar de interés son las relativas a la obligación de avisar si el alimento contiene ciertos alérgenos, hasta catorce, entre ellos los frutos secos y la lactosa. También habrá que indicar el país de origen de algunos alimentos, como la carne fresca de vacuno, cerdo, ovino, caprino y aves, frutas, verduras o miel. Y, en el caso de los congelados, la fecha de congelación y, si se da esa circunstancia, avisar de que el producto ha sido descongelado.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en marzo de 2015

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