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¿Peso ideal, o peso objetivo?

 

¿Peso ideal, o peso objetivo? El concepto de peso ideal, ya sea deduciéndolo del IMC (Índice de Masa Corporal), el FMI (Índice de Grasa Corporal, por sus siglas en inglés) o cualquier otra fórmula más o menos sofisticada, o lo que es peor, deduciéndolo de las fotos de los y las modelos más cotizados/as, es algo que puede ser muy negativo para nuestra salud física y psicológica. Frente al concepto de peso ideal, el de peso objetivo puede ser mucho más interesante y provechoso, al menos en ciertos casos. Veamos en qué consiste.

El peso ideal, como indica su nombre, es el peso que deberíamos tener en condiciones ideales. El primer problema con que se enfrenta este concepto es que no hay unanimidad a la hora de determinarlo, y son muchos los índices en los que podemos basarnos. El más conocido de ellos probablemente sea el IMC, que es el peso (en kilos) dividido por la altura (en metros) al cuadrado.

Por ejemplo, una persona que pese 92 kilos y mida 1,75 metros tendrá un IMC de 92/(1,75)2 = 30,0, y estaría en el límite entre sobrepeso y obesidad, pero justo dentro del intervalo de obesidad. Este es el primer problema con que nos encontramos a la hora de utilizar un determinado índice: la definición de los intervalos. ¿Quién ha dicho que a partir de un IMC de 30 pasamos del sobrepeso a la obesidad?

Lógicamente, la definición de los intervalos (bajo peso, menos de 18,5; normalidad, hasta 24,9; sobrepeso, hasta 29,9 y obesidad, de 30 en adelante) se realiza mediante un consenso entre expertos (los intervalos que acabamos de dar son según la OMS), aunque no por ello deja de ser algo subjetivo y criticable. Pero, además, el IMC presenta otros problemas, como es que no tiene en cuenta si el peso proviene de grasa o músculo. Obviamente, no es lo mismo, desde el punto de vista de la salud, tener un IMC de 30 a base de grasa, que a base de músculo.

Pero tenemos más problemas con el IMC, ya que tampoco contempla otros aspectos importantes, como es la complexión de la persona, su edad o su sexo. Todas ellas son variables que deberían tenerse en cuenta y no se tienen. A pesar de lo anterior, es un índice que está ampliamente difundido, hasta el punto de ser la referencia básica a la hora de juzgar el peso de un paciente.

El éxito de este índice se debe, básicamente, a que tiene en cuenta de una forma lógica las principales variables (peso y altura) y a la sencillez de su determinación: cualquiera de nosotros puede obtenerlo en casa, con unos medios básicos (una báscula y un metro) y sin conocimientos técnicos de ningún tipo.

Hay otros índices que pretenden paliar los problemas del anterior. Quizá el más extendido sea el FMI, Índice de Grasa Corporal. Resulta más fiable que el IMC a la hora de determinar el grado de sobrepeso u obesidad, pero es también mucho más difícil de determinar. Y decimos que es más fiable porque trata de evitar el que probablemente sea principal problema del IMC: que no distingue entre músculo y grasa.

Así, el FMI es la masa grasa de un individuo, dividida por su altura al cuadrado. Para interpretar la cifra que nos da como resultado, se acude a unas tablas en las que se tiene en cuenta, además, el sexo y la edad. Todo eso está muy bien, pero el problema es ahora determinar cuánta grasa tiene un individuo.

Los diversos aparatos que existen para medirla son muy costosos, lo que los aleja de las posibilidades de una consulta médica corriente, y mucho más del ámbito doméstico. Por desgracia, los que no son tan costosos, aunque siguen fuera del alcance de la mayoría de los particulares, son tan imprecisos que su utilidad es dudosa. Para terminar de oscurecer el panorama del Índice de Grasa Corporal, de momento no hay consenso a la hora de interpretar los resultados, es decir, de definir qué es normalidad, sobrepeso y obesidad en base al FMI de un paciente.

Otra forma de establecer el peso ideal es a partir de los cánones de belleza, normalmente derivados de las fotos (muchas, incluso, con su dosis de photoshop correspondiente) de modelos, actores y famosos de ambos sexos. Ni que decir tiene que esto es anticientífico, absurdo, frustrante y hasta puede que peligroso. El problema es que existe, y para muchos, por desgracia, es más válido que el IMC y el FMI juntos. Nunca insistiremos lo suficiente en que se debe adelgazar por salud, más que por belleza.

De lo anterior puede deducirse la dificultad para establecer el peso ideal. Pero, además, otra cuestión que debería preocuparnos es la utilidad práctica que tiene el peso ideal para muchos individuos. ¿De qué le vale a una persona que tiene, por ejemplo, un IMC de 35 (si mide 1,75 metros y pesa 107,2 kilos), saber que le sobran 31 kilos para alcanzar los 76,2 que le situarían, justamente, en el límite entre la normalidad y el sobrepeso? Incluso, si consideramos que el peso ideal es el punto medio de la normalidad, hablaríamos de quitarse 41 kilos.

¿Puede esta persona perder esos 41 kilos y, lo que es más importante, perderlos para siempre? La respuesta es que es posible, pero, en la práctica, extraordinariamente difícil. Porque pensar que tiene que perder para siempre esos 41 kilos, o incluso los 31 que le dejarían a las puertas del sobrepeso, se le antoja a cualquiera tan difícil que es fácil bajar las manos y abandonarse. Y eso es lo peor que puede hacerse.

Lo más sensato, práctico y motivador sería plantearse un peso objetivo razonable. No diremos aquí que el peso objetivo de la persona del ejemplo anterior es perder 5 kilos, 10, 20 ni ninguna otra cifra. Lo recomendable es visitar al especialista, ver la cantidad de grasa que tiene y, sobre todo, dónde la tiene, ya que la grasa abdominal es la más perjudicial para la salud. También habría que tener en cuenta otros muchos factores, como su analítica, edad, constitución, sexo, estado general de salud y antecedentes familiares.

La segunda parte de la ecuación es tan importante como la anterior, y es el esfuerzo que está dispuesto a hacer y la motivación que tiene. En base a todo ello, y de acuerdo con el especialista, se puede establecer un peso objetivo, adaptado a las circunstancias específicas del paciente. Lo más importante es que sea alcanzable sin caer en la autocomplacencia. Y, por supuesto, que sea para siempre.

Por último, hay que tener en cuenta dos cosas: en primer lugar, que reducciones modestas de peso suponen una mejora apreciable del estado de salud y de disminución del riesgo; en segundo lugar, que el peso objetivo planteado, si se alcanza y afianza durante un periodo considerable, puede ser mejorado por un objetivo posterior, más próximo al peso ideal puedes ver las recomendaciones de Adelgazar.net).

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en noviembre de 2014

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