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Demostrado: el estrés produce aumento de peso

 

Demostrado: el estrés produce aumento de peso Muchos expertos lo tenían claro desde hace años, pero ahora se ha demostrado, incluso de forma cuantitativa, que el estrés engorda. Concretamente, en torno a 100 Kilocalorías diarias, lo cual es mucho, en el caso de que el estrés sea una situación habitual. De manera que ya tenemos una razón más para luchar contra el estrés, pues, además de ser una de las principales causas de enfermedad circulatoria, ahora sabemos que también engorda.

Sufrir estrés de forma habitual produce un aumento de tensión arterial. De forma simplificada, este aumento de tensión ocasiona que las arterias se hagan más rígidas, lo que hace que la placa de ateroma se deposite con más facilidad en la pared interna de las arterias. Esta placa reduce la cantidad de sangre que puede circular por dichas arterias y, además, hace que cualquier pequeño trombo pueda ocasionar una embolia en el corazón, el cerebro u otros órganos, con unas consecuencias que pueden ser muy graves.

Lo anterior ya es motivo suficiente para luchar contra el estrés. Pero a ello se suman los efectos psicológicos negativos que puede ocasionar, como ansiedad, malestar general y, en un sentido amplio, llevarnos a una existencia menos satisfactoria y feliz. Pero también, y es lo más importante para nosotros, puede producir obesidad. Y puede hacerlo según dos mecanismos diferentes.

En primer lugar, y es un efecto que era ampliamente reconocido desde hace mucho, el estrés produce ansiedad, y una forma de librarnos de ella es mediante diversas recompensas, como fumar, beber y, por supuesto, comer. Muchos de nosotros hemos podido comprobar este efecto psicológico en multitud de ocasiones, por ejemplo cuando nos atiborramos de comida antes de los exámenes.

Pero un segundo mecanismo ha salido a la luz recientemente, y es la constatación de que el estrés produce un retardo a la hora de quemar las grasas ingeridas. Este retardo ocasiona un aumento de acumulación de las grasas que se ha cuantificado, en el ensayo que se hizo, en 104 Kilocalorías diarias. Es una cantidad importante, en especial si la situación de estrés es habitual.

El estudio ha sido realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos), encabezados por Janice Kiecolt-Glaser, y publicado en Biological Psychology. Contaron con la colaboración de 56 mujeres de mediana edad que realizaron, en condiciones controladas, una comida de 930 Kilocalorías, de las que en torno al 60% (unas 550 Kilocalorías) provenían de grasas.

Realizaron la ingesta en dos días diferentes. En uno de ellos, las grasas eran, en su mayoría, saturadas; en el otro, monoinsaturadas. Se les controló el metabolismo durante las siguientes siete horas, para ver cómo quemaban dichas grasas estando en reposo. Por otra parte, se les realizó un cuestionario para averiguar cuál era su nivel de estrés durante la prueba y en las horas previas a la misma.

El resultado fue tan rotundo como interesante: siete horas después de la comida, aquellas mujeres que estaban estresadas habían quemado, en promedio, 104 Kilocalorías menos que las que no lo estaban. Para hacerse una idea cabal de lo que esto significa, hay que tener en cuenta que, si se repite a diario, puede suponer al cabo de un año un sobrepeso de más de 5 kilos. En opinión de Kiecolt-Glaser, este estudio demuestra que el estrés provoca un aumento del peso al disminuir el metabolismo de las grasas.

Por otra parte, aquellas mujeres con una tensión arterial más elevada mostraron mayores niveles de insulina y, además, quemaron también las grasas de una forma más lenta. Por lo que se refiere a la diferencia entre tomar grasas monoinsaturadas o saturadas, la única que se encontró fue un mayor nivel de azúcar en sangre en el caso de ingerir las primeras, en comparación con las saturadas. Es algo que requiere estudios más profundos en el futuro, según los investigadores.

Quizá el lector se diga: "Bien, ya conozco las ventajas de reducir el estrés, pero ¿cómo lo consigo?". En este punto, cada uno tiene que buscar su propia respuesta, ya que las circunstancias nunca son iguales. En algunos casos se conseguirá al rebajar las expectativas profesionales o cambiar de trabajo, siempre que sea posible; en otros, reduciendo gastos superfluos para tener una mayor holgura económica; o, tal vez, asumiendo ciertas facetas de nuestra personalidad que nunca nos gustaron, o modificando ciertas relaciones personales. En todo caso, siempre puede ser conveniente la consulta con un psicólogo.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en diciembre de 2014

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