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Azúcar, el enemigo oculto

 

Azúcar, el enemigo oculto Presenta una cara amable, pero es un lobo con piel de cordero, ya que es uno de los principales culpables del sobrepeso y la obesidad. Su peligro no reside solo en las calorías que incorpora (400 cada 100 gramos), pues al convertir muchos alimentos en más apetecibles, provoca que los consumamos en más cantidad. Además, su consumo puede suponer graves problemas de salud a personas con exceso de azúcar en la sangre. Por si todo lo anterior fuera poco, es un enemigo oculto: la mayoría de las veces que la consumimos no somos conscientes de ello.

Es, quizá, uno de los ingredientes más apetecibles, y por eso decimos que presenta una cara amable. Sugiere afecto, felicidad y otras connotaciones parecidas. Decimos, por ejemplo, endulzar la vida para dar a entender que es una vida más feliz. Pero la realidad del azúcar, como hemos apuntado más arriba, es mucho menos agradable.

Numerosos expertos colocan al azúcar como uno de los principales enemigos de la salud pública, y eso por múltiples razones. Muchas investigaciones apuntan al azúcar como causante o factor agravante de innumerables enfermedades. Entre otras, diabetes, problemas circulatorios, enfermedad de Crohn, diversos tipos de cáncer, osteoporosis, problemas inmunológicos, hongos, envejecimiento prematuro, caries, problemas en las encías, depresión...

El hecho de que diversas investigaciones al respecto no sean concluyentes no quiere decir que podamos ignorarlas. En un reciente experimento, cuando se dio a comer a una población de ratones una dosis de azúcar que se considera segura para el consumo humano, la mortalidad de las hembras se dobló, pasando de un 25% en el grupo de control al 50% en el grupo que tomó azúcar. Una vez más, no es concluyente, porque no es lo mismo lo que ocurre en los ratones que en los humanos. Pero esta investigación no hace más que aumentar las sospechas.

Una cuestión que mucha gente no tiene muy clara es su relación con la diabetes. Contra lo que muchos creen, el consumo de azúcar no provoca esta enfermedad. Sin embargo, cuando se padece diabetes, incluso en estadios iniciales de ella en los que, sin padecerla, se tienen niveles elevados de azúcar en sangre, el consumo de azúcar puede elevar dichos niveles y producir importantes daños en el organismo. Y hay que tener en cuenta que la diabetes es una enfermedad muy infradiagnosticada, con lo que muchas personas la padecen sin saberlo.

Sin embargo, lo que quizá más nos interesa aquí es su relación con el sobrepeso y la obesidad. El hecho de que el azúcar no tenga excesivas calorías (400), sobre todo si se compara con las grasas (en torno a 900 cada 100 gramos, según el tipo de grasa de que se trate), puede hacer que bajemos la guardia. El problema es que, aparte de los problemas de salud comentados más arriba, el azúcar hace que consumamos más cantidad de muchos alimentos, al hacerlos más apetecibles.

Los ejemplos de lo anterior son innumerables. Algunos son evidentes, como en el caso de la bollería, los helados o los refrescos. Pero otros no lo son tanto: ¿sabía usted que un sobrecito individual de ketchup contiene unos cuatro gramos de azúcar? No lo parece, porque no sabe dulce, pero los fabricantes añaden azúcar para mejorar y potenciar su sabor. Con esto entramos en otro problema importante que tiene el azúcar: su carácter oculto.

Hay muy diversos tipos de azúcar, siendo algunos de los más importantes la sacarosa, la glucosa y la fructosa. Esto hace que, en muchas ocasiones, se oculte el azúcar que contiene un alimento en denominaciones confusas, y eso cuando se refleja en el etiquetado de dicho alimento. Así, Carles Miralles, de Medicus Mundi, afirma que hasta un 75% del azúcar que consuminos está oculto en alimentos procesados cuyo etiquetado no es claro.

Como consecuencia de todo lo anterior, los expertos reclaman medidas, como un etiquetado más explícito (por ejemplo, el de semáforo del Reino Unido), regular la publicidad de estos productos (en Noruega, se prohíbe antes y después de los programas infantiles) o gravarlos con más impuestos (en Francia se gravan de forma especial los refrescos azucarados), siempre pensando en la salud de la población. En nuestro país, de momento y por desgracia, no se ha hecho nada todavía.

Quizá algunos lectores se pregunten si el problema es en realidad tan grave. La respuesta nos la puede dar un organismo tan poco sospechoso como la Organización Mundial de Salud (OMS). Hasta ahora, recomendaba que la cantidad de calorías proveniente de azúcares (incluyendo glucosa, fructosa y sacarosa, así como otros azúcares presentes de forma natural en alimentos como la fruta, la miel o los jarabes) no superara el 10% del total de la dieta.

Ahora, la OMS recomienda bajar esta cantida al 5%, lo que supone unos 25 gramos de azúcar al día (una cucharada sopera), incluyendo, por supuesto, las "dosis ocultas". Para hacerse una idea cabal de lo que eso supone, podemos apuntar dos datos: una lata de refresco azucarado contiene unos 40 gramos, y la media de consumo en nuestro país es de 112 gramos diarios. Es decir, que deberíamos reducir nuestro consumo de azúcar a menos de la cuarta parte.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en septiembre de 2014

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