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Comer en restaurantes de forma sana y sin engordar

 

Comer en restaurantes de forma sana y sin engordar Es uno de los grandes escollos que nos podemos encontrar en nuestros planes de adelgazamiento. Tanto si se hace de forma excepcional como si se come fuera de casa a diario, son ocasiones en las que, sobre todo por razones psicológicas, podemos echar por tierra el esfuerzo de muchos días de disciplina. Pero hay soluciones.

Lo primero que hay que hacer es mentalizarse de la importancia del problema: no es solo la cantidad de calorías que podemos ingerir en una buena comida fuera de casa o celebración; también está el problema de que rompemos nuestra disciplina, y una vez rota, es más fácil que la rompamos también en casa.

Respecto a lo primero, es decir, el número de calorías que podemos tomar en ciertas ocasiones especiales, hay que tener en cuenta que, si de forma habitual tomamos, con esfuerzo, las calorías justas (por ejemplo, 2.000 al día), un exceso en una comilona lo podemos pagar muy caro.

Si, por ejemplo, habitualmente tomamos 500 calorías en la comida, y en una celebración quedamos "fuera de control" e ingerimos 1.500 (cosa que es más fácil de lo que parece), perder esas 1.000 calorías comidas de más nos va a obligar a realizar esfuerzos durante varios días, pues ya comemos "muy justito" con esas 500 calorías. Así, comer solo 300 calorías durante cinco comidas nos supondrá, a buen seguro, un esfuerzo mucho mayor que el placer que nos supuso la comilona.

Pero también está el efecto, a veces demoledor, de romper nuestros propósitos. Si hemos roto nuestras normas dietéticas en un bautizo, es más fácil que las rompamos también más tarde, ya en casa. Como suele decirse, "de perdidos, al río". Para muchas personas, mantener ciertos propósitos sin fallar ni una sola vez les da fuerzas y confianza en sí mismas para mantener dichos propósitos en el futuro.

Las razones para propasarnos fuera de casa son muchas, y ser conscientes de ellas nos puede permitir evitarlas. En primer lugar, no controlamos lo que comemos, pues no lo elaboramos nosotros ni decidimos el tamaño de las raciones. Además, se conjugan diversos efectos psicológicos para que comamos más de lo debido.

Así, está el efecto "ocasión especial" ("total, por una vez, no pasa nada"), el efecto económico ("ya que lo pago, no lo voy a dejar en el plato"), el efecto de emulación (que nos incita a comer lo indebido al ver a los compañeros de mesa con manjares apetecibles) y otros muchos que harían la lista interminable. La suma de todos ellos puede resumirse en una frase: comemos demasiado y de forma poco sana.

Sin embargo, una vez expuesto el problema, hay que decir que tiene solución. Diversos expertos han sugerido una serie de medidas para tratar de paliar el desastre o, incluso, evitarlo de forma tajante. La mayoría de las normas siguientes tienen aplicación, tanto cuando se come fuera de casa de forma excepcional como cuando se hace a diario.

La primera de ellas hace referencia al tamaño de las raciones. Podemos pedir al camarero, abiertamente, que ponga poca cantidad de un determinado plato o guarnición. Si eso no nos gusta, se puede compartir platos o, incluso, pedir que nos cambien una guarnición de patatas fritas por verduras o ensalada. Si lo anterior no resulta aconsejable, siempre nos queda la solución drástica de prescindir de uno de los dos platos o, incluso, de dejarnos comida en el plato, aunque a muchos les duela: el exceso, mejor en la basura que en nuestro estómago.

El siguiente consejo hace referencia, no tanto a los excesos como a las carencias, sobre todo cuando se come fuera de forma habitual. Y es que no hay que olvidar que conviene tomar un mínimo de cinco raciones diarias de frutas y verduras. Esto es importante, por ejemplo, a la hora de elegir los postres. Además, cuando se opta por este tipo de raciones, suelen evitarse alternativas mucho menos sanas y más engordantes, lo cual es también digno de tener en cuenta.

Por lo que se refiere a los segundos platos, son más sanos y menos engordantes, en general, los pescados (sobre todo, los azules) que las carnes. Si, a pesar de ello, se opta por pedir carne, conviene elegir formas de elaboración más ligeras, como a la plancha, y quitar en el plato las partes más grasas. Si hablamos de huevos y lácteos, hay que saber que nuestras necesidades de ellos son muy limitadas y que deben tomarse con moderación. Y los lácteos, mejor si son desnatados.

Hay que evitar, en lo posible, los hidratos de absorción rápida, como las patatas (sobre todo, fritas), la pasta, el arroz, el azúcar o el pan blanco. Estos hidratos de absorción rápida se digieren con rapidez, por lo que se tiende a comer de nuevo antes. Si se toman cereales, intentar al menos que sean integrales: son más sanos, tienen más fibra y se digieren más lentamente.

Como fuente de hidratos, resultan mucho más sanos y recomendables los de absorción lenta, como las legumbres: garbanzos, judías y lentejas. Son muy saciantes, moderadamente calóricos (aunque depende mucho de su acompañamiento), sanos, completos, económicos y sabrosos. ¿Hay quien dé más?

Por último, hay que hacer una breve referencia al alcohol, sin entrar aquí en sus peligros cuando se asocia a la conducción. Es otro de los temas en los que es fácil descontrolarse cuando se come fuera de casa. Más que nunca, hay que tomarlo con moderación, y no solo por las calorías que aporta, sino porque también es, muchas veces, el responsable de que perdamos el control a la hora de decidir los platos y las cantidades que comemos.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en julio de 2014

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