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Nuevas normas de etiquetado para la industria alimentaria en EEUU

 

Nuevas normas de etiquetado para la industria alimentaria Es una costumbre que deberíamos adquirir todos a la hora de comprar comida. Mirar la composición del alimento es tan importante como mirar su precio, y a veces más. En Estados Unidos lo han entendido así, y una próxima normativa obligará a poner una información más completa en las etiquetas de los alimentos. Es una muestra importante de los esfuerzos de su gobierno (encabezados por la esposa del presidente, Michelle Obama) para luchar contra la obesidad.

Aunque no lo parezca, las nuevas normas sobre etiquetado van a suponer una pequeña revolución para la industria alimentaria de la primera potencia mundial. Para hacerse una idea de hasta qué punto, se calcula que el coste para dicha industria, y hablando solo de una muestra de algo más de veinte productos, va a suponer en torno a los 2.000 millones de dólares (unos 1.500 millones de euros). Y es de suponer que un esfuerzo tan importante no se haría si los expertos no consideraran que el etiquetado de este tipo de productos es algo fundamental para nuestra salud.

Estados Unidos es uno de los países con mayores índices de obesidad del mundo, y probablemente por ello ha sido pionero en lo relativo a las normas sobre etiquetaje de productos alimentarios. Así, entre otras cosas, hace años obligaron a poner en las etiquetas de estos productos determinada información nutricional, como el tipo de grasas que contenían. Y, en los restaurantes, incorporar en las cartas la cantidad de calorías que tenía cada plato.

Lo que se pretende ahora es que sea más fácil identificar los ingredientes menos sanos del producto que se coge de un supermercado para, en palabras de la propia Michelle Obama, "que cualquier persona sea capaz por sí misma de saber si eso es bueno para su familia". Añade que se están cambiando las etiquetas "para hacerlas más fáciles de leer y más comprensibles".

El cambio más importante es que ahora los productos deberán indicar, en números grandes, las calorías que contienen. Otro cambio es que deberán indicar también los azúcares que incorporan, diferenciando los que están presentes de forma natural en el producto de los que se han añadido de forma artificial mediante jarabes o edulcorantes. Esto es de la máxima importancia, ya que, según el doctor Kessler, importante especialista de ese país, "no habríamos llegado a ser tan obesos como somos ahora sin edulcorantes añadidos".

Sin embargo, también se han hecho concesiones a la industria, comenzando por un periodo de dos años para realizar los cambios comentados más arriba. Además, no se ha aceptado una de las principales peticiones de los consumidores, que era establecer un código de colores que avisen al consumidor cuando los azúcares añadidos o las grasas saturadas superen determinados niveles. Y tampoco se va a indicar de forma obligatoria la cantidad de cereales integrales que incorpora el alimento.

Estas medidas tomadas en Estados Unidos, país que marca las tendencias en muchísimos aspectos, deberían hacernos reflexionar sobre la importancia que tiene para nuestra salud leer con atención los etiquetados de los productos que comemos. El problema es que, muchas veces, la legislación de nuestro país se queda demasiado corta. Y, además, en muchas ocasiones no se cumple.

Por ello, deberíamos ser más exigentes. Si dudamos entre dos productos, hemos de comprar aquel cuya información nutricional sea más completa y adecuada. Es posible que cueste algo más, pero hay que pensar que invertir en salud es lo más provechoso que podemos hacer con nuestro dinero. De esta forma, los consumidores podemos forzar a los fabricantes a cumplir las normas e, incluso, a llegar más lejos de lo que ellas les obligan.

Deberíamos también guiarnos por el principio de desconfianza cuando nos encontramos con etiquetas poco explícitas. Por ejemplo, cuando indica "grasas vegetales", sin indicar el tipo concreto de grasa, habrá que suponer que contiene las grasas menos saludables y más baratas, como palma o coco. Es lógico pensar que, de ser grasas saludables, lo habrían indicado.

Por último, un aspecto fundamental a tener en cuenta es fijarse bien en las calorías que incorpora cada producto que compramos o tomamos. Está comprobado que ser conscientes de dichas calorías hace que comamos menos productos engordantes. Por ello, fijarse en las etiquetas es una forma sencilla de adelgazar.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en abril de 2014

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