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Obesidad y nivel socioeconómico

 

Obesidad y nivel socioeconómicoEn los países más pobres, la obesidad se centra en las clases sociales pudientes, por razones obvias: el resto solo tiene acceso a una cantidad escasa de comida, y en ocasiones ni eso. Sin embargo, según vayamos analizando países más y más desarrollados, la obesidad, además de irse generalizando, va "descendiendo" por la escala socioeconómica, de forma que en los países más avanzados del mundo se ceba en las clases más populares. Veamos por qué ocurre eso y, sobre todo, qué enseñanzas prácticas podemos sacar de ello y qué podemos hacer para evitarlo.

Que la escasa obesidad que pueda darse en los países pobres se centre en las clases más ricas, mientras las pobres apenas tienen qué llevarse a la boca, no merece más comentario que lamentar el egoísmo de los países ricos para con los menos favorecidos. Tiene más interés, quizá, analizar las causas por las que en los países en desarrollo la obesidad está creciendo de forma exponencial.

En América Latina, por ejemplo, el número de personas que sufren obesidad va a pasar de 60 millones en 2005 a 191 millones en 2030, es decir, un incremento de más del 300% en solo 25 años, si nadie lo remedia. En el resto del mundo la tendencia es semejante, ya que el número de obesos se multiplicará por 2,2 en este mismo periodo. Según el informe Food Price Watch, que acaba de publicar el Banco Mundial, las causas de esta epidemia son varias.

En primer lugar, está el desplazamiento de la población a las ciudades, lo que implica trabajos más sedentarios y una mayor utilización de los transportes. Pero también ocupa un lugar relevante como causa de este aumento de obesidad el mayor consumo de alimentos más baratos pero de menor calidad nutritiva que se da en las ciudades, en comparación con las zonas rurales.

Estos cambios en las costumbres, en lo referente a la alimentación y a la disminución del ejercicio físico (como consecuencia de los cambios laborales, en los transportes y en el ocio), se acentúan en las sociedades desarrolladas aun cuando la emigración a las ciudades se hay atenuado o, incluso, se haya detenido, como sería el caso de España. Y, con ello, la tasa de obesidad continúa aumentando y se generaliza en todos los estratos socioeconómicos.

Sin embargo, en las sociedades más desarrolladas y maduras, como Estados Unidos, comienza a observarse una tendencia que podría parecer chocante: la obesidad se centra, cada vez más, en los niveles socioeconómicos más humildes. Según diversos expertos, las razones de este fenómeno podrían ser, básicamente, dos.

Por un lado, es un hecho que los alimentos más baratos suelen ser, también, los que tienen una peor calidad nutricional: muchas calorías y muy insanas. Pensemos en los menús de ciertas cadenas de restaurantes, tan insanos como saciantes, apetecibles y relativamente baratos. Si bien es cierto que algunos alimentos sanos, como las legumbres, resultan económicos, las carnes magras, el pescado, las verduras y la fruta no lo son tanto.

Por ello, las clases con menos medios económicos tienden a comprar más alimentos baratos e insanos que las que no tienen este problema, y más en tiempos de crisis como los actuales. Pero hay un segundo factor que inclina más aún la balanza de la obesidad hacia las clases más populares, y es la diferencia cultural, y más concretamente en temas de alimentación.

En efecto, las clases de mayor nivel socioeconómico están mucho mas concienciadas de la importancia que tiene la alimentación en la calidad de vida y en la salud. Por ello, procuran consumir productos sanos, aunque tengan que pagar más por ellos. Y el efecto de ambos factores, nivel económico y una mayor concienciación, se empieza a notar, ya que la obesidad alcanza en estas clases niveles claramente menores que en las más desfavorecidas del mismo país.

Esto es interesante, pero, ¿podemos hacer algo? Desde luego. A nivel de gobernantes, aumentar la educación en las escuelas en temas de consumo y alimentación, además de concienciar a toda la sociedad mediante las campañas oportunas. También deberían cambiar la normativa para hacerla más favorable a los productos más sanos y dificultar la introducción de los que lo son menos. Hablamos de normas sobre etiquetados, consumo y publicidad, impuestos diferenciales para ambos tipos de productos, reglamentación de restaurantes, etc.

Pero quizá sea más interesante lo que podemos hacer los ciudadanos, además de presionar a nuestros gobernantes para que actúen. Si bien es cierto que es difícil pasar a ser de un nivel socioeconómico más elevado si no pertenecemos a él, sí podemos comportarnos como ellos, al menos en temas de consumo, ciertas costumbres y alimentación.

Tal vez no podamos conducir un coche de lujo ni vivir en un chalet de 500 metros, pero sí podemos desplazar nuestros gastos hacia alimentos más sanos, que no siempre tienen que ser mucho más caros, sobre todo si usamos nuestra imaginación. Contar con la ayuda de recetas sanas, sencillas y económicas puede ser un primer paso.

Mentalizarse de forma adecuada a la hora de ir a la compra, el segundo. Y aprender más de nutrición y salud, y sustituir el metro por ir andando al trabajo, y cambiar el ocio sedentario por otro más saludable, y... Tal vez no consigamos ser de clase alta, pero a efectos de obesidad y salud, lo pareceremos .

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en octubre de 2013

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