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El impacto de la obesidad en el sistema público de salud

 

El impacto de la obesidad en el sistema público de saludLos gobiernos deben velar por la salud de la población, y aquí se han encontrado con el problema, grave, de la obesidad. Pero también deben velar por la economía, sobre todo en estos tiempos de crisis y restricciones presupuestarias. Y también aquí se han topado con el mismo problema, ya que el sanitario es uno de los capítulos más abultados de los presupuestos, y la atención de una persona con obesidad llega a ser hasta tres veces más costosa que la de otra con peso correcto. Por ambos motivos, se buscan soluciones a la obesidad, y a veces parece que con no muy buen criterio.

Como es sabido, la obesidad predispone a ciertas enfermedades (en especial, circulatorias y metabólicas, pero no son las únicas) que hacen que se eleve de forma sustancial el coste de la atención sanitaria a estas personas. Esto, unido a que es una epidemia en rápida expansión (en la Unión Europea, la tasa de obesidad se ha multiplicado por tres en los últimos 20 años), hace que el problema, en su vertiente económica, sea cada vez más prioritario.

Lo anterior ha supuesto la aparición de muchas ideas. Y algunas, quizá, no muy afortunadas, como la del creador de la famosa (y cada vez más denostada) Dieta Dukan, que propone dar a los estudiantes de secundaria con más peso del recomendable una puntuación extra en sus calificaciones escolares si pierden kilos. Parece evidente que esa obsesión por el peso, en vez de por alimentarse de forma correcta, es inadecuada y puede llevar a trastornos muy graves, como la anorexia, y más a esas edades.

Más razonable parece la propuesta, también de este controvertido experto, consistente en crear un restaurante francés de comida rápida pero saludable. Por parte española, las autoridades no han tomado más que alguna iniciativa tímida, aunque oportuna, como la prohibición de ciertos alimentos y bebidas en las escuelas contemplada en la nueva ley de seguridad alimentaria. Los especialistas echan de menos, sin embargo, programas decididos y eficaces para fomentar el juego de los niños al aire libre y que les acostumbren a comer frutas y verduras.

Pero la propuesta que parece con más futuro, entidad y eficacia es la de gravar los alimentos más engordantes y/o insanos con impuestos extra. Dinamarca y Hungría ya han dado pasos en ese sentido, con una recaudación anual de 188 y 70 millones de euros, respectivamente. Es muy posible que otros países se vayan uniendo a esta iniciativa.

La justificación de este incremento impositivo es doble. En primer lugar, supondría un sobrecoste disuasorio para reducir el consumo de productos que pueden ser perjudiciales para la salud, al igual que ocurre con el alcohol y el tabaco, que en casi todos los países tienen impuestos especiales. No hay que olvidar que la comida-basura o, en general, poco sana, suele ser muy barata. Quizá demasiado.

Pero, además, este impuesto puede ser considerado como una forma justa de financiar la atención sanitaria extra que supondrá la ingesta de estos productos, por las enfermedades derivadas de la obesidad. O sea, una especie de pago por adelantado de los gastos médicos que implicarán la venta de estos productos tan poco recomendables.

Lo que no está clara todavía es la forma en que este impuesto debería aplicarse: sobre los productos que tengan más de un determinado contenido de grasas saturadas (como en Dinamarca), sobre ciertas clases de alimentos, sobre los que excedan de determinada cantidad de calorías por cada 100 gramos... En todo caso, este impuesto será bienvenido por todos aquellos que nos preocupamos por la salud de la población.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en mayo de 2012,
a partir de informaciones de Consumer

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