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Exceso de peso y salud: más allá del IMC

 

Exceso de peso y salud: más allá del IMCLa obesidad, entendida no como una cuestión estética sino como un estado de salud, es algo más que kilos. Hoy día se sabe que el Índice de Masa Corporal (IMC) de una persona no refleja de forma correcta su propensión a las enfermedades derivadas del sobrepeso. El tipo de grasa, su distribución y otros factores que están por investigar son cruciales para determinar el riesgo que corre su salud. Y esto puede ser importante a la hora de establecer la estrategia a seguir para luchar contra el sobrepeso.

No es algo nuevo. Desde hace tiempo, diversos especialistas insisten en que el IMC no lo es todo. Por ejemplo, cada vez son más los que miden el perímetro abdominal, además de hacer subir al paciente a la temida báscula. La razón es que se sabe que no es igual de perjudicial la grasa abdominal que la que se tiene, por ejemplo, en la cadera o los glúteos. La primera, como ya sabrán la mayoría de lectores, es claramente más nociva.

Dejando aparte las cuestiones estéticas (personales, y volubles según las modas), los expertos se preguntan cada vez más si es perjudicial para la salud cualquier obesidad, o sólo ciertos tipos de obesidad. Para hacer la pregunta de una forma más clara: la obesidad puede desencadenar ciertas alteraciones del metabolismo, como diabetes o hipertensión que, a su vez, pueden ocasionar daños graves a la salud; pero, ¿qué ocurre en los casos, por otra parte frecuentes, en los que la obesidad no ocasiona estas alteraciones? ¿Puede afirmarse, en esos casos, que la obesidad es inocua?

Lo cierto es que los especialistas todavía no pueden responder a estas preguntas de forma terminante. Sin embargo, sí se puede afirmar con seguridad que el riesgo derivado del sobrepeso no puede medirse sólo con el IMC. Además del hecho evidente de que un IMC elevado puede ser consecuencia de tener mucha masa muscular, por lo que respecta a la grasa hace falta saber más cosas. Dos recientes investigaciones, ambas publicadas en "Journal of the American Medical Association", nos proporcionan más información al respecto.

La primera de ellas comparó los resultados de diversos regímenes en la composición grasa/músculo del cuerpo. Esta composición es un dato importante, ya que, como es sabido, el aumento de IMC debido al músculo no es nocivo. Se sobrealimentó a 25 voluntarios con 1.000 calorías diarias de más durante un periodo de varios meses. Fueron divididos en tres grupos, a cada uno de los cuales se les hizo ingerir cantidades diferentes de proteínas.

Al final, pudo comprobarse que quienes habían tomado menos proteínas habían aumentado menos de peso, pero tenían una cantidad similar de grasa que los demás. Incluso, se demostró que habían perdido masa muscular, y que ahí estaba el origen de su menor aumento de peso. Por tanto, a igualdad de calorías, una dieta escasa en proteínas puede ser mucho más nociva que otra equilibrada, por la pérdida de músculo que puede suponer.

El segundo estudio, de resultados un tanto sorprendentes, indica que el IMC que tiene un paciente, de cara a decidir si es o no conveniente operarle de estómago, no es un criterio importante a la hora de tomar dicha decisión. La lógica dice que, a mayor IMC, más necesario será pasar por el quirófano. Sin embargo, una investigación realizada en el Hospital Universitario Sahlgrenska, en Gotemburgo (Suecia), dirigida por Lars Sjostrom, indica otra cosa bien diferente.

Realizaron una investigación comparativa sobre más de dos mil pacientes sometidos a cirugía bariátrica y otros tantos que, en vez de someterse a ella, recibieron pautas para cambiar sus hábitos de vida. Los autores demostraron que aquellos que se habían sometido a cirugía tuvieron posteriormente un claro beneficio que se tradujo en menos problemas circulatorios. Pero, y aquí viene lo sorprendente, la magnitud del beneficio no tenía relación con la cantidad de peso perdido por cada paciente.

Así, los investigadores resaltan que tener un IMC más alto antes de la intervención no parece ser el mejor criterio para decidir acerca de si operarse o no. Sin embargo, no eran capaces de establecer qué otros criterios serían adecuados y demandaron más investigaciones al respecto para encontrar los mecanismos metabólicos implicados.

De todo lo anterior puede deducirse que, a la hora de establecer las razones por las que la obesidad perjudica a la salud, el IMC no explica todo, ni mucho menos, pues siempre debería estudiarse la distribución de la grasa en el cuerpo y la relación grasa/peso total.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en febrero de 2012

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