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Impuestos especiales a los alimentos engordantes

 

Impuestos especiales a los alimentos engordantesLos impuestos especiales, además de por razones recaudatorias, se aplican a aquellos productos que se considera pueden ser perjudiciales para la sociedad, como el tabaco y el alcohol. Entonces, ¿por qué no aplicarlos a los alimentos engordantes e insanos? En Estados Unidos, la idea está siendo considerada por las autoridades, sobre todo desde que un completo estudio ha demostrado que funciona: a más precio, menos consumo.

Una investigación realizada en la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos) durante veinte años sobre más de 5.000 adultos ha demostrado, y además cuantificado, lo que indica la lógica: si aumenta el precio de un alimento, se consume menos. El estudio ha sido dirigido por Kiyah Duffey y publicado en "Archives of Internal Medicine".

Duffey y su equipo estudiaron las pautas de compra, dieta y estado de salud de 5.115 adultos jóvenes. Por ejemplo, pudieron comprobar que un aumento de un 10% en el precio de refrescos y pizza supuso un descenso en el consumo de dichos alimentos de un 7 y 12%, respectivamente. De forma más general, estimaron que un aumento de un 18% en el precio de la comida rápida supondría, de media, una disminución de 56 calorías diarias por persona, lo que equivaldría a bajar de peso 2,25 kilos al año.

El aumento de la fiscalidad de estos alimentos poco recomendables no acabaría con la epidemia de obesidad que nos acosa, pero sí la limitaría de forma apreciable. Las autoridades norteamericanas, dada la gravedad del problema, se plantean cada vez más seriamente esa estrategia. Como parte de ella, habría que eliminar las subvenciones a ciertos ingredientes que utilizan las industrias (por ejemplo, edulcorantes) para elaborar sus nocivos productos a precios baratos, a la vez que se debería apoyar fiscalmente a frutas, verduras y otros alimentos sanos.

Este aumento impositivo es defendido en Estados Unidos por diversas organizaciones promotoras de la salud de la población. El estado de California y la ciudad de Filadelfia, de hecho, ya aplican un gravamen especial a los refrescos. Para hacerse una idea de la magnitud del problema, se estima que la obesidad supone un coste anual, en ese país, de más de 600 euros por habitante. Y el económico, por supuesto, no es el mayor de los costes. Por todo ello, deberíamos unir nuestras voces para conseguir un impuesto especial o un IVA incrementado para las comidas poco sanas, y a la vez un IVA reducido para las más aconsejables.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en junio de 2010,
a partir de informaciones de El Mundo Salud y MedicinaTV

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