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La eficacia del balón intragástrico

 

La eficacia del balón intragástricoLa eficacia del balón intragástrico (o balón gástrico) va disminuyendo con el tiempo, hasta que a los seis meses de su inserción apenas sirve para nada. Y, por supuesto, no sustituye a la cirugía. ¿Entonces? Sólo es razonable utilizarlo de forma previa a una intervención quirúrgica de estómago (se minoran los riesgos de ésta) o bien como ayuda temporal para cambiar los hábitos.

El balón intragástrico es un balón o globo de silicona, lleno de líquido, que se introduce por la boca y se extrae, también por la boca, a los seis meses de su inserción. Produce sensación de plenitud y, por ello, mejora en gran medida los resultados de una dieta. Tanto la introducción como la extracción son intervenciones menores y ambulatorias, y el riesgo es prácticamente inexistente. Las complicaciones no son muy graves (rotura del balón, esofagitis, oclusión gástrica, úlcera gástrica...) y, además, muy poco frecuentes, ya que la mayoría de las citadas están por debajo del 0,5% de los casos. Únicamente puede considerarse grave la perforación gástrica, pero se da solo en torno al 0,13% de los pacientes.

Por su escasísimo riesgo, precio razonable (sobre todo, comparado con la magnitud del problema que ayuda a resolver) y resultados notables a corto plazo, muchos pensaron en el balón como el arma ideal en la lucha contra la obesidad. Sin embargo, la realidad es que la eficacia del balón va disminuyendo con el tiempo, de manera que a los seis meses de insertarlo (cuando el producto caduca y debe ser extraído), su eficacia es muy escasa o nula. Por ello, no se suele reponer por otro.

Teniendo en cuenta lo anterior, muchos se preguntarán por la utilidad del mencionado balón. Y puede ser muy útil, pero hay que saber en qué casos. En primer lugar, hay que aceptar que la única solución definitiva para la obesidad mórbida es la cirugía. Sin embargo, y dejando aparte el problema de su elevado coste, los riesgos de la intervención no son desdeñables. Dado que estos riesgos aumentan en gran medida con el IMC del paciente, el balón intragástrico (utilizado junto a la dieta) puede jugar el importante papel de reducir este IMC, aunque sea solo temporalmente, hasta la fecha de la intervención. Con ello, se disminuyen los riesgos quirúrgicos.

La otra forma inteligente de utilizar el balón intragástrico es como ayuda para cambiar los hábitos. En caso de sobrepeso u obesidad moderada, el cambio de hábitos es la única herramienta definitiva y razonable, más que para lograr una reducción inicial de peso, para mantenerla en el tiempo. Y para establecer estos nuevos hábitos en lo relativo a alimentación (eliminar "picoteos", prescindir de ciertos alimentos, tomar cantidades razonables, etc.), el balón puede ser un aliado muy útil, ya que produce saciedad.

La cuestión clave es que, para cuando el balón deje de hacer efecto, los nuevos hábitos estén ya establecidos firmemente y no se recupere el peso perdido. Porque hay que tener en cuenta que mantener esos hábitos requiere fuerza de voluntad, pero mucha menos que la necesaria para establecerlos.

Hay que insistir en lo ya dicho: no debemos limitarnos a ponernos el balón sin cambiar de hábitos, porque recuperaremos el peso que teníamos antes de su implantación. También hay que recalcar que el cambio de hábitos debe incluir la actividad física (y para esto no ayuda el balón). Y algo que todos intuimos y que es bien cierto: la fuerza de voluntad sigue siendo necesaria.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en diciembre de 2009,
a partir de datos de SusMedicos.com y MedicinaTv.com

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