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La importancia de la cena

 

Importancia de la cena para no engordarA la hora de cenar estamos cansados, con cosas que hacer y deseando mandar a los niños a la cama. Quizá por eso las cenas suelen estar bastante desorganizadas y no les prestamos la atención que se merecen. Si es así, tenemos una mala costumbre que debemos cambiar.

Es muy frecuente que las cenas, en especial si se trata de familias con niños, sean desorganizadas. Los motivos pueden ser múltiples: no se coincide en los horarios (los pequeños deben cenar pronto para acostarse temprano), los padres suelen estar ocupados o viendo la televisión y, sobre todo, el problema es que no se le da mucha importancia. Se trata de tomar "cualquier cosa" para irse a la cama.

Mención especial merece la mala costumbre de no merendar. Se adelanta un poco la cena y nos ahorramos una comida. Es más cómodo y algunos, incluso, pensarán que así tomaremos menos calorías. Sin embargo, es una mala costumbre dietética: se tiene mucha más hambre en la cena y se come en exceso. No se debe saltar ninguna comida.

Esta desorganización de las cenas supone una pérdida, en primer lugar, de convivencia familiar, ya que en muchos casos es la única comida en que coinciden todos sus miembros. Pero además, con frecuencia se hacen menús improvisados y poco recomendables desde el punto de vista dietético, elaborados muchas veces "al dictado" de nuestros hijos: croquetas, "picoteos" de queso o jamón, salchichas, precocinados... Por añadidura, al ser muy apetecibles para ellos, suelen comer unas cantidades excesivas.

Sin embargo, las cenas deberían estar perfectamente planificadas, especialmente en la elección del menú. Habría que tener en cuenta lo que hayan comido los niños en el colegio, para complementarlo en el caso de que apreciemos carencias, como frutas, verduras o pescado.

Por lo que se refiere al control del peso, cenar "a salto de mata" suele ser una mala costumbre que podemos pagar muy cara a la hora de enfrentarnos con la báscula. Es fácil que "piquemos" cuando demos de cenar a nuestros niños, para luego tomar nosotros lo que primero nos viene a la mente, que suele ser algo fácil de elaborar y engordante. Además, la dispersión de las comidas puede hacer que no seamos conscientes de la cantidad real de calorías ingeridas, que suele ser muy superior a lo que creemos.

Deberíamos examinas nuestras costumbres y organizar mejor las cenas. En beneficio de la convivencia familiar, nuestra salud y también de nuestro peso .

Fuente: Consumer.es, 2007