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Una
reciente investigación demuestra lo que todos, más
o menos, sospechábamos: las frituras favorecen el sobrepeso.
Pero además, podrían tener otros efectos perjudiciales
para la salud. Por ello, hay que ser imaginativos e intentar
sustituir los fritos por plancha, horno o vapor.
El
trabajo, publicado en "American Journal of Clinical Nutrition"
ha sido realizado por el Departamento de Medicina Preventiva
de la Universidad Autónoma de Madrid en colaboración
con el Grupo EPIC (seguimiento europeo a gran escala que analiza
la relación entre dieta, genética y enfermedades
crónicas).
En
el estudio participaron más de 40.000 personas de cinco
regiones españolas. Comparando los hábitos nutricionales
y la historia clínica de cada uno, y poniendo especial
atención a su índice de masa corporal y al perímetro
de la cintura, pudo comprobarse la estrecha correlación
entre la ingesta abundante de frituras y obesidad. Concretamente,
los que abusaban de aquellas tenían una prevalencia
de ésta en torno a un 25% mayor.
Los autores del estudio barajan varias posibilidades para
explicar esta correlación: los fritos son muy apetitosos
(y por eso comeríamos más cantidad), tienen
muchas calorías y, por último, las grasas sacian
menos que los hidratos o las proteínas y se metabolizan
mejor.
Pero
además de favorecer el sobrepeso, las frituras pueden
aumentar la presencia de productos perjudiciales para la salud
al quemar la capa superficial de los alimentos. Es otra razón
adicional para limitar la ingesta de fritos y sustituir esta
forma de preparar los alimentos por otras más saludables.
Si
de todas formas se desean preparar fritos ocasionalmente,
los expertos aconsejan seguir ciertas pautas: lo más
importante es procurar que la absorción de aceite no
sea excesiva. Para ello, hay que intentar prepararlos sin
rebozar ni empanar, y además freírlos poco tiempo.
Por último, no conviene utilizar el aceite más
de tres veces.
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