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Tomar
entre dos y tres litros diarios de bebidas refrescantes endulzadas
con fructosa puede producir un desequilibrio en el control
energético del organismo y engordar en mayor medida
que las calorías que contienen.
La
fructosa es el azúcar de la fruta y su consumo moderado
es aconsejable. Pero es un edulcorante habitual en muchas
bebidas refrescantes y eso puede hacer que la ingesta exagerada
de este tipo de bebidas (más de dos litros al día)
favorezca la obesidad.
El
problema no consiste sólo en las calorías que
contienen, aunque es un aspecto a tener en cuenta, dada la
gran cantidad de estas bebidas que pueden consumirse. La cuestión
más preocupante es que, según han mostrado ensayos
en roedores, este consumo masivo de fructosa puede descompensar
el sistema que regula el equilibrio energético de nuestro
cuerpo.
El organismo cuenta con un sistema que calcula nuestras necesidades
energéticas y ajusta la toma de alimentos a dichas
necesidades. De esta manera, en teoría, si ingerimos
calorías en forma de fructosa, nuestro organismo debería
reducir la ingesta de otros alimentos.
Pero
una gran cantidad de fructosa en forma líquida (en
torno a más de dos litros de refresco al día)
produce una disfunción en la actividad de la leptina,
una hormona de enorme importancia a la hora de regular este
equilibrio energético. El resultado es un aumento de
peso.
Hay
que destacar que este efecto pernicioso no aparece cuando
la fructosa se toma en forma sólida, ni en el caso
de otros compuestos, como la sacarosa. En estos casos, el
efecto engordante se limita, como en otros alimentos, a la
cantidad de calorías ingeridas, sin producirse adicionalmente
descompensaciones en el control de la cantidad de calorías
ingeridas.
El
estudio en que se basan estas afirmaciones ha sido dirigido
por Juan Carlos Laguna, catedrático de Farmacología
de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona,
y publicado en la revista "Hepatology". Si bien
se ha realizado en roedores y no puede extrapolarse directamente
a las personas, todo indica que podría ser así,
pues los datos epidemiológicos en humanos indican que,
a igualdad de energía consumida, cuando es en forma
de fructosa líquida se produce más obesidad.
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