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La publicidad de los alimentos y sus límites

 

La incidencia de la publicidad de los alimentos en la obesidad parece clara. El fracaso de la autorregulación, la promoción preferente de alimentos poco saludables, el acoso a la población infantil y los mensajes engañosos, están haciendo que las autoridades quieran tomar cada vez más cartas en el asunto. Y tanto en nuestro país como en la Unión Europea.

Un reciente estudio de la OCU, realizado de forma muy completa sobre 14 emisoras de televisión, tanto nacionales como autonómicas, indica que uno de cada cuatro anuncios es de comida. El problema es que la mayoría de ellos se refieren a productos poco recomendables desde el punto de vista nutricional.

Abundan los chocolates y sus derivados, caramelos, refrescos, golosinas, lácteos azucarados, bollería y aperitivos salados. Los alimentos sanos, por contra, brillan por su ausencia: no alcanzan el 4% del total de alimentos.

Además, muchos de ellos son de consumo ocasional, de "picoteo", lo que atenta adicionalmente contra los buenos hábitos alimenticios. Por si esto fuera poco, la población infantil es la destinataria preferente de esta avalancha, y está especialmente desprotegida contra ella. La OCU concluye que la autorregulación publicitaria ha fracasado e insta al gobierno a intervenir.

La Administración, por su parte, va a exigir próximamente que el etiquetado sea veraz. Si se indica en él que el producto tiene un efecto nutricional o fisiológico beneficioso, deberá demostrarse mediante pruebas científicas reguladas por determinados organismos oficiales. No se admitirán alegaciones terapéuticas o curativas, y las propiedades dirigidas al público infantil serán rigurosamente restringidas.

Se va a terminar, por tanto, con el empleo indiscriminado de expresiones como "rico en vitaminas", "mejora el colesterol", "ayuda al crecimiento de sus hijos", y similares. De esta forma, la Administración adaptará la nueva normativa europea sobre la materia, que se aplicará desde el 1 de julio próximo.

El Parlamento Europeo, por su parte, y preocupado por el aumento de la obesidad infantil, quiere limitar la publicidad de alimentos inadecuados dirigida a los niños: productos con alto contenido en grasa, azúcar o sal. Indica que estas campañas no fomentan hábitos alimentarios sanos.

Hasta que todas estas medidas sean eficaces, y en la medida en que no consigan finalmente serlo (ya se sabe: "hecha la ley, hecha la trampa"), deberemos desarrollar una mentalidad crítica sobre estos anuncios e informaciones de envases y etiquetas. Y, sobre todo, intentar que nuestros hijos, más indefensos, también la desarrollen, formándoles correctamente en materia alimentaria.

Fuente: elaboración propia, 2007

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