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Técnicos
de Consumer han visitado 103 centros de adelgazamiento (herbolarios,
parafarmacias, locales de dietética, consultas y franquicias
de adelgazamiento, entre otros), haciéndose pasar por
clientes potenciales. Valoraron dichos centros con el asesoramiento
de médicos y expertos en dietética y nutrición,
y los resultados no son muy tranquilizadores: el 68% suspende
y sólo el 18% aprueba con holgura. Veamos cuáles
son las claves que nos puedan permitir diferenciar las empresas
serias de las que no lo son.
Fueron
analizados tanto centros independientes como pertenecientes
a franquicias. El resultado fue muy similar y, sorprendentemente,
podía diferir mucho de uno a otro local de una misma
franquicia. Por tanto, la pertenencia a una franquicia no
asegura, en la práctica, la fiabilidad de un centro.
El primer aspecto a tener en cuenta es la persona que nos
atiende. Sólo los médicos especializados en
Nutrición y los diplomados y técnicos superiores
en Dietética están capacitados para establecer
dietas. Sin embargo, en muchos de los locales visitados (más
de un 30%) la persona que atendía al paciente no tenía
la cualificación requerida.
Una vez atendidos por una persona correctamente formada, para
que un centro de adelgazamiento merezca nuestra confianza
debe comenzar por identificar correctamente el problema. Es
esencial que midan nuestro IMC (Índice de Masa Corporal
= peso en kilos dividido por la talla al cuadrado, en metros).
Si el IMC supera 25, empezaremos a tener sobrepeso; si supera
30, obesidad.
Pero,
además del IMC, es importante que obtengan del paciente
información adicional: medidas antropométricas
(cintura, cadera,...), si se está tomando medicación,
consumo de alcohol o tabaco, actividad física, hábitos
de alimentación, estado emocional, enfermedades, tensión
arterial, preferencias y aversiones alimenticias, etc. Toda
esta información es necesaria para diseñar un
tratamiento a medida y eficaz.
Por
otra parte, hay que considerar que hay dos cosas que deben
despertar nuestras sospechas sobre la profesionalidad del
centro: en primer lugar, proponer una pérdida de peso
a un ritmo inadecuado, casi siempre excesivamente rápido.
Como máximo, deben perderse de 3 a 4 kilos al mes.
Todo lo que supere esta cifra no puede conseguirse con dietas
saludables.
El
otro aspecto que convierte a un centro en sospechoso es la
utilización de "productos estrella" (productos
o suplementos dietéticos de propiedades revolucionarias),
en lugar de una dieta personalizada. Estos productos, además,
normalmente nos los venden ellos. En el estudio de Consumer,
un 46% de los centros pretendía utilizarlos.
Por
el contrario, en vez de "productos estrella", un
buen centro de adelgazamiento debe proponer una dieta personalizada
y sana, que tenga en cuenta las preferencias y estilo de vida
del paciente y, sobre todo, enseñar hábitos
alimenticios correctos, que permitan mantener a largo plazo
la reducción de peso. También deben incluirse
revisiones de mantenimiento.
En
principio, y salvo indicación expresa de un médico,
que estará basada en un análisis detallado del
paciente, debe descartarse el uso laxantes y diuréticos:
eliminan líquidos pero no grasas, y pueden perjudicar
gravemente la salud.
Por
lo que respecta al precio, la horquilla va desde los 350 €
por tratamiento hasta casi 4.000, con una media de 1.400 €.
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