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Una
investigación apunta a la posibilidad de que ciertos
componentes químicos presentes en algunos plásticos
y pesticidas podrían inducir bajo peso al nacer. El
organismo reaccionaría ante este bajo peso con un aumento
exagerado del mismo durante los primeros días de vida,
lo que llevaría a una marcada y permanente tendencia
a la obesidad.
Un
reciente estudio realizado en la Universidad de Missouri-Columbia
(Estados Unidos) indica que la exposición de fetos
de animales de experimentación a los mencionados agentes
químicos produce una alteración de sus genes
que los haría más susceptibles a la obesidad
y a otras enfermedades.
Frederick vom Saal, responsable del estudio, indica que estas
sustancias pueden alterar el metabolismo del feto, haciendo
que, más adelante, comiendo igual cantidad y haciendo
el mismo ejercicio que otro individuo normal, engorde en mayor
medida que éste.
La exposición a estos agentes, presentes en plásticos
de uso cotidiano, hicieron que los animales nacieran con peso
bajo. El organismo reaccionaría ganando mucho peso
en poco tiempo, pero el cambio sería ya permanente,
al modificarse el fenotipo de los individuos, que pasarían
a ser del llamado "fenotipo ahorrativo".
Aunque
los estudios se hicieron en animales, se ha hecho el seguimiento
de niños nacidos con peso bajo y se ha comprobado que
reaccionan de forma similar, induciéndose en ellos
igualmente el mencionado cambio metabólico y, por tanto,
una acusada tendencia a acumular grasa.
La
comprensión de este mecanismo, y de otros que pueden
igualmente inducir sobrepeso, debe hacer que muchos individuos
obesos pierdan la culpabilidad que tal vez pudieran tener.
Pero en modo alguno deben caer en el fatalismo de pensar que
esta obesidad es inevitable. El propio vom Saal afirma que
estas personas pueden corregir esa tendencia con un cambio
en sus estilos de vida. Así pues, culpabilidad, no.
Pero fatalismo tampoco.
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