|
Estaba
considerado como una gran esperanza contra el sobrepeso, debido
a sus resultados en roedores. Pero ensayos más amplios
realizados en humanos han hecho que, actualmente, se ponga
muy en duda su eficacia e inocuidad. Es un ejemplo más
de la prudencia necesaria a la hora de valorar los avances
en investigación, especialmente en el área de
la lucha contra la obesidad.
El
ácido linolénico conjugado (CLA son sus siglas
en inglés) es un grupo de ácidos grasos insaturados
que se pueden encontrar en la carne, la leche y sus derivados.
Hace unos años despertó gran interés
por su potencialidad para reducir las grasas en el cuerpo.
Se pensó entonces en incluirlo en numerosos alimentos.
Esta esperanza estaba basada en los resultados del CLA en
roedores: disminuía su apetito, la ingesta de alimento,
el tamaño de sus células grasas y, en definitiva,
adelgazaba. Se esperaba que en las personas tuviera un efecto
similar, por lo que este compuesto se consideró como
una gran esperanza para combatir el sobrepeso.
El problema ha surgido cuando se han hecho ensayos más
profundos en humanos. Se ha comprobado, en primer lugar, que
los efectos positivos no son tan potentes como se creía.
Pero además se ha visto que tiene otros resultados
menos deseables: cambia el metabolismo de los azúcares
(pudiendo producir resistencia a la insulina e inducir la
aparición de diabetes) y aumenta la oxidación
celular.
En
caso de un consumo prolongado, estos efectos pueden ser un
claro factor de riesgo. Los expertos, tras numerosos estudios
sobre los efectos del CLA en humanos, han concluido que, probablemente,
lo perjudicial es más que lo beneficioso.
|