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Someterse
a cirugía de estómago puede ocasionar problemas
graves, especialmente si no se siguen con cuidado las prescripciones
del médico. Estas intervenciones dificultan la absorción
de ciertos nutrientes, lo que podría ocasionar una
importante enfermedad neurológica.
La
extensión creciente del problema de la obesidad está
haciendo que cada vez más personas recurran en la cirugía
de estómago. En Estados Unidos, cada año se
someten a esta intervención 170.000 personas. Las distintas
técnicas para reducir la capacidad del estómago
son: bypass gástrico, banda ajustable, balón
intragástrico y gastroplastia o grapado del estómago.
Una investigación realizada en la Escuela de Medicina
de la Universidad de Wake Forest (Carolina del Norte, EE.UU.)
y publicada en "Neurology", ha encontrado importantes
secuelas en algunas personas que se habían sometido
a cirugía bariátrica. Identificaron 32 casos
de encefalopatía de Wernicke.
Esta enfermedad afecta al sistema nervioso central y al cerebro,
como consecuencia de una carencia de vitamina B1 o tiamina.
Puede ocasionar pérdida de memoria, confusión,
problemas oculares y dificultad para coordinar los movimientos.
Los 32 casos mencionados se trataron con vitamina B1 y 13
lograron una recuperación total; pero el resto continuó
con problemas a pesar del tratamiento.
La
intervención gástrica modifica el tránsito
de la comida y, en muchos casos, produce vómitos durante
un largo periodo postoperatorio. Todo ello hace que la absorción
de nutrientes, y en especial de vitaminas, se dificulte. Los
médicos suelen indicar, tras la cirugía, la
administración de vitamina B1. Es fundamental que los
pacientes sigan al pie de la letra estas instrucciones.
De
hecho, los investigadores encontraron que, cuando un paciente
sufría las alteraciones descritas, no estaba siguiendo
una alimentación adecuada o no tomaba los suplementos
vitamínicos indicados por el médico. Además
de hacerlo es conveniente vigilar, durante el postoperatorio,
la existencia de vómitos frecuentes.
Los
problemas que revelan este estudio no deben desechar la cirugía
como solución a un problema grave de obesidad. Siguiendo
las prescripciones del médico, y siempre que esté
indicada, los riesgos y dificultades de la intervención
siempre serán menores que los de vivir con una obesidad
severa.
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