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Las
especias picantes, como el chile o la pimienta, aumentan la
termogénesis y con ello el gasto de energía
del cuerpo. Por esa razón, algunos investigadores sugieren
la posibilidad de que puedan incluirse en las dietas para
colaborar, aunque sea modestamente, en la lucha contra la
obesidad.
Científicos
de la Universidad de Maastricht (Holanda) han publicado recientemente
en "American Journal of Physiology - Regulatory, Integrative
and Comparative Physiology" un trabajo en el que se afirma
que el uso de la capsaicina (la esencia picante del chile)
podría ser útil para luchar contra la obesidad.
Sin
embargo, las dosis a las que habría que emplear la
mencionada sustancia harían de momento su uso difícilmente
aplicable.
El mecanismo de actuación de estos compuestos se produce
cuando, al ingerirlos, estimulan un receptor cerebral que
controla la temperatura del cuerpo. Esta estimulación
produce un aumento de dicha temperatura, lo que supone un
mayor consumo de energía a expensas de la grasa del
organismo.
En este mismo sentido, otro estudio de British Journal of
Nutrition publicado en 1998, mostraba que la capsaicina también
podía ayudar a mujeres cuya termogénesis realizaba
una mala combustión de grasas cuando cambiaban de una
dieta rica en carbohidratos a una dieta rica en grasas. La
adición de chile picante, rico en capsaicina, parecía
normalizar la respuesta termogénica.
A
pesar de que ciertos estudios indican que el consumo energético
se incrementa un 23% justo después de una comida picante,
este mecanismo sólo debe considerarse como una modesta
ayuda, y no como una verdadera solución al problema
de la obesidad. Pero desde luego cualquier ayuda, aunque sea
pequeña, es bienvenida.
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