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En
la etiqueta de los alimentos, además de información
de tipo comercial (marca, peso,...) deben figurar las propiedades
alimenticias del producto. Y esto, no sólo porque el
consumidor tiene derecho a saber lo que compra, sino también
para que pueda hacer la elección correcta desde el
punto de vista nutricional, especialmente si padece alguna
enfermedad o trastorno relacionado con la alimentación:
diabetes, alergias alimentarias, obesidad....
Existe
una norma de la Unión Europea, aprobada en septiembre
de 1.990 (Directiva 90/496/EEC), relativa al etiquetado de
productos alimenticios. Regula cómo debe ser la información
nutricional del producto: valor energético, proteínas,
vitaminas, minerales, etc.
Recientemente, la Confederación Europea de Industrias
de Alimentación y Bebidas (CIAA) ha realizado una propuesta
para unificar y aumentar esta información. Sería
de aplicación voluntaria y supondría una información
común de nutrientes por cada ración, y referidos
a las cantidades diarias recomendadas para un adulto medio
de cada componente sensible (calorías, grasas, sal,...).
De alguna forma, la propuesta de la CIAA intentaría
responder a la necesidad expresada en este sentido por la
Organización Europea de Consumidores (BEUC) en el año
2.004, en la que se pedía "un sistema europeo
simple, claro e inteligible, que permita a los consumidores
identificar fácilmente la calidad nutricional de los
alimentos".
Todas
estas recomendaciones, según la CIAA, serían
hechas sobre bases científicas y evitando informaciones
engañosas o poco claras. El objetivo básico
es que el consumidor pueda comprender la información
de las etiquetas y tomar decisiones de compra adecuadas a
sus necesidades concretas.
Por
ejemplo, algunos productos (lamentablemente, muy pocos, probablemente
porque es una información que les perjudica de cara
a las ventas) indican las calorías que contiene una
ración del mismo, y la cantidad de ejercicio necesario
para eliminarlas. Esta información fue muy valorada
por el consumidor, en un reciente estudio.
Dado
que casi ningún producto informa de lo que acabamos
de comentar, sería muy recomendable conocer, en nuestro
caso, las calorías que quemamos con un determinado
ejercicio. A la hora de comprar, como sí se suele indicar
el contenido calórico, podríamos calcular su
equivalente en ejercicio. Por ejemplo, "si me tomo un
tercio de este bote, tendré que andar durante una media
hora para eliminarlo".
Probablemente,
ser conscientes de estas equivalencias, aunque sólo
sea de una forma aproximada, nos haría ser mucho más
moderados a la hora de la compra, y también a la hora
de sentarnos a la mesa o de "picotear".
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