|
Dos
estudios realizados en Estados Unidos relacionan claramente
la cantidad de televisión que ve un niño con
su tendencia al sobrepeso. Los padres, especialmente de hijos
con predisposición a la obesidad, deberíamos
replantearnos el tiempo que nuestros niños pasan frente
a la televisión.
Ambos
estudios han sido publicados en la revista "Archives
of Pediatrics and Adolescent Medicine". El primero de
ellos fue realizado por la Escuela de Salud Pública
de Harvard (Boston, Estados Unidos), sobre 548 niños
y niñas con una edad media algo menor de 12 años.
Se comprobó que cada hora extra de televisión
al día suponía, en promedio, la ingesta de 167
calorías adicionales, sobre todo de bebidas azucaradas,
comida rápida y otros alimentos anunciados en televisión.
Es decir, que comen más, pero también peor,
ya que los productos que se anuncian raramente son saludables.
La influencia en ellos de la publicidad parece clara, lo que
es consecuente con el argumento de que los fabricantes no
gastarían ingentes sumas en publicidad si no vendieran
más gracias a ella.
El segundo estudio fue realizado por la Universidad de Michigan
en Ann Arbor, también en Estados Unidos. Indica que
los niños que ven más de dos horas diarias la
televisión son más propensos al sobrepeso. Fue
realizado sobre 1.016 niños en edad preescolar. Los
investigadores sugieren diversos mecanismos de actuación
de la televisión en el sobrepeso.
Además
de la influencia de la publicidad, está el hecho incuestionable
de la tendencia a comer mientras se ve la televisión,
comida que se añade a las "normales" (desayuno,
comida, merienda...) y que, además, suele ser poco
saludable: refrescos, palomitas, chucherías, etc.
Desde
Adelgazar.net queremos resaltar que en estos estudios no se
consideró la lógica influencia que tiene la
televisión en el nivel de actividad física del
niño. Así pues, además de inducir a nuestros
hijos a comer más y peor mediante la publicidad, y
además también de incitarles a comer mientras
la ven, la televisión les hace más sedentarios.
Todo
esto deteriora sus hábitos alimenticios y les hace
más obesos y menos saludables. Por ello, deberíamos
reducir significativamente el número de horas que pasan
nuestros hijos frente a la justamente llamada "caja tonta".
|