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La
Comisión Europea ha advertido recientemente sobre el
peligro que acecha a quienes compren medicamentos por Internet,
ya que se han detectado unos 170 fármacos falsos e
ilegales durante los últimos cinco años, casi
todos comercializados por la Red. Uno de los últimos
falsificados, Acomplia (Rimonabant).
La
normativa de la Unión Europea indica que sólo
los laboratorios autorizados, las farmacias y los distribuidores
oficiales pueden comercializar medicamentos, incluida la modalidad
on-line.
Las
razones de esta prohibición son evidentes: ante todo,
proteger la salud de los ciudadanos. Y el problema es que
la venta por Internet puede saltarse todos los controles.
Las falsificaciones que podemos encontrar en la Red son peligrosas
por varios motivos. En primer lugar, pueden contener sustancias
no autorizadas, distintas de las originales, por lo que no
han pasado los estrictos controles a que éstas están
sometidas, y pueden perjudicarnos gravemente la salud. Una
variante de esto sería la venta de medicamentos caducados,
no autorizados o mal conservados.
También podría ocurrir que el contenido real
sea una sustancia no perjudicial pero ineficaz. En este caso,
no solamente sufriríamos un fraude económico,
sino que también retrasaríamos la solución
de un problema médico (en nuestro caso, la obesidad),
confiados en que estamos tomando algo que, realmente, no sirve
para nada. Como efecto perverso añadido, retiraríamos
la confianza en un producto que podría habernos ayudado,
y se desprestigia el laboratorio que fabrica el medicamento
genuino.
Por
último, la compra por Internet de estos medicamentos
posibilita tomarlos sin control médico. Y es un grave
error, pues aunque el producto no sea una falsificación,
este control es fundamental para nuestra salud. El médico
se asegura de que está indicado en nuestro caso y de
que no va a hacernos daño si lo tomamos a la vez que
otros medicamentos, o debido a algún problema médico
que podamos tener: hipertensión, trastornos hepáticos,
renales, etc.
Así
pues, la recomendación es muy clara: si nuestra situación
lo exige y hemos fracasado por otras vías (básicamente,
dieta y ejercicio), podemos pensar en buscar la ayuda de algún
medicamento. Pero pasando siempre por el médico y la
farmacia.
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