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La
obesidad infantil no sólo tiene efectos negativos en
el aspecto médico (presentes y, sobre todo, futuros).
Las burlas que suele provocar tienen en el niño también
consecuencias psicológicas y, lo que es peor, pueden
desencadenar trastornos de alimentación, como anorexia
y bulimia.
Un
reciente estudio, realizado durante cinco años sobre
2.500 escolares estadounidenses, publicado en la revista "Pediatrics",
es concluyente acerca de las consecuencias que tienen en el
niño las burlas de sus compañeros derivadas
de su peso excesivo. Y esas consecuencias pueden ser muy negativas
para su salud.
Un 21% de los niños y un 23% de las niñas declaró
haber sido objeto de burlas a causa de su peso. Pero estas
chanzas (aparte del daño psicológico y en la
autoestima que es de imaginar), supusieron frecuentemente
un cambio peligroso en las pautas de alimentación de
los niños y niñas que eran objeto de ellas:
toma incontrolada de laxantes o pastillas adelgazantes, ayuno,
provocación del vómito...
Incluso, algunos de ellos admitieron haber desarrollado conductas
típicas de trastornos graves de la alimentación
(básicamente, anorexia y bulimia), como el remordimiento
tras haber comido, los atracones compulsivos y las purgas.
Y hasta tal punto era así que, cinco años después
de iniciarse el estudio, el 80% de las niñas afectadas
por estos comportamientos seguían poniéndose
a dieta.
¿Qué
podemos hacer los que tenemos hijos o responsabilidades docentes?
En primer lugar, convencer a los niños de que se abstengan
de hacer bromas al respecto, ya que pueden hacer mucho daño,
igual que no deben hacer bromas racistas ni participar en
acosos escolares. Y por supuesto, nosotros mismos seremos
muy cuidadosos a la hora de hacer ciertos comentarios sobre
su aspecto físico, aunque no sea con mala intención.
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