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Recientes
estudios parecen demostrar que una superior ingesta de proteínas,
frente a grasas o hidratos, supone una mayor facilidad para
contener el peso. Dos son los mecanismos posibles, según
el estudio en que nos fijemos: las proteínas producen
más saciedad, o bien nos hacen gastar más energía.
O tal vez sea el efecto acumulado de ambos.
El
primero de los estudios mencionados se ha desarrollado en
Lyon (Francia), a cargo de un equipo de investigadores del
INSERM encabezado por Gilles Mithieux. Este equipo ha demostrado
que una dieta rica en proteínas supone una menor ingesta
calórica, y esto tanto en animales como en humanos.
Esto parece deberse a la mayor producción de glucosa
en el intestino cuando se ingieren proteínas. La cantidad
de glucosa en la sangre actúa como un indicador para
estimular o reprimir el apetito: a más glucosa, menos
apetito, y viceversa. Los científicos franceses comprobaron
que una dieta rica en proteínas suponía una
mayor producción de glucosa que otra rica en hidratos,
y por eso se reducía el apetito.
Por otra parte, Thomas L. Halton y Frank B. Hu, de la Universidad
de Harvard (Boston, USA) han llegado a la conclusión
de que una dieta rica en proteínas induce un mayor
gasto energético en el organismo. Esto se produce,
básicamente, al elevarse la termogénesis (producción
de calor) y el metabolismo en las personas que siguen la mencionada
dieta hiperproteica.
Sea
por uno u otro mecanismo, o tal vez por la suma de ambos,
lo que sí parece claro es que, si queremos seguir una
dieta que nos haga perder peso, o al menos mantenerlo, sería
conveniente insistir en los platos ricos en proteínas,
a la vez que evitamos en lo posible las grasas y los hidratos.
Manteniendo, eso sí, un equilibrio adecuado entre todos
los nutrientes, ya que es importante comer de todo para tener
una buena salud.
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