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Un
reciente estudio resalta la importancia de los factores psicológicos
frente a la obsesión por la báscula en la lucha
contra la obesidad y sus efectos. Si conseguimos sentirnos
mejor con nuestro aspecto físico y ser conscientes
de cuándo tenemos hambre o estamos saciados, podremos
mitigar algunos efectos negativos de la obesidad, aunque no
bajemos de peso.
Un
estudio de la Universidad de California, publicado recientemente
en "Journal of the American Dietetic Association",
ofrece resultados ciertamente sorprendentes.
Buscaba
comparar la eficacia de una dieta tradicional frente a la
modificación de ciertos parámetros psicológicos,
a la hora de paliar algunos efectos negativos de la obesidad:
colesterol, tensión arterial, actividad física
y autoestima.
Las 78 participantes en el estudio (eran mujeres, pero los
resultados son aplicables también a los hombres) se
dividieron en dos grupos iguales. El primero siguió
una dieta tradicional, y el segundo no restringió la
cantidad de calorías consumidas, pero se sometió
a un tratamiento basado en el reconocimiento de la sensación
de hambre o saciedad y en la aceptación de su aspecto
físico.
El tratamiento duró 24 semanas para ambos grupos. En
el primero (dieta tradicional), un 42 % abandonó el
programa, porcentaje que se redujo al 8 % en el segundo. Adicionalmente,
se realizó un seguimiento a ambos grupos durante dos
años, y los resultados fueron sorprendentes.
El
grupo que se sometió a dieta consiguió reducir
su peso al principio en un promedio del 5,2 %, pero al final
del seguimiento de dos años había recuperado
su peso inicial. Igualmente, las mejoras en ciertos indicadores
de salud (colesterol, presión sanguínea y actividad
física) fueron sólo temporales, y al final del
control recuperaron los niveles iniciales. Sin embargo, la
autoestima empeoró.
El
otro grupo no bajó de peso en ningún momento,
pero sí mejoró los mencionados indicadores de
salud al final de los dos años, incluyendo una mayor
actividad física, que casi se duplicó. Además,
mejoró su autoestima y evitó en mayor medida
la depresión. Esto demuestra que las personas obesas
pueden lograr una mejora en su salud si modifican ciertos
aspectos psicológicos, aunque no bajen de peso. En
la lucha contra la obesidad y sus efectos, no todo es cuestión
de kilos.
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