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El
té verde, que es la hoja de té sin fermentar,
está de moda. Se le atribuyen numerosas propiedades:
es antioxidante, previene la caries, la halitosis y algunas
enfermedades periodontales, al inhibir el crecimiento de ciertas
bacterias. Y, lo que para nosotros quizá sea más
importante, favorece el control del peso. Veamos por qué,
y hasta qué punto puede ser eficaz.
Por
lo que respecta a su efecto adelgazante, que es en lo que
nos vamos a centrar, el té verde activa la termogénesis
de nuestro organismo, con lo que consumimos más calorías
y se acumulan menos grasas. Además hace que, durante
la digestión, una parte de las grasas ingeridas no
se incorporen a nuestro cuerpo.
Puede estimarse que, consumiendo tres tazas diarias de té
verde, se consigue una reducción de peso de un kilo
en tres meses, según Antonia Lizarraga, profesora del
Centro de Enseñanza Superior de Nutrición y
Dietética de la Universidad de Barcelona. Su efecto
es más notorio si se combina con un cambio en el estilo
de vida, especialmente algo de ejercicio.
Recientemente se ha conseguido extraer el principio activo
más importante del té verde, el galato de epigalocatequina.
Gracias a ello, podremos tomarlo en otras formas diferentes
de la clásica infusión: chicles, bebidas, alimentos,
suplementos dietéticos o productos para la higiene
bucal.
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