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Un
estudio resalta la importancia de ciertos factores (control
exagerado del peso, depresión y padres obesos) como
predisponentes a la obesidad en la adolescencia. Pero, a la
vez, arroja dudas sobre la importancia real de otros factores,
considerados universalmente como tales.
Un
reciente estudio, realizado sobre 496 chicas norteamericanas
de entre 11 y 15 años, en la Universidad de Texas (Austin,
Estados Unidos), y publicado en "Journal of Consulting
and Clinical Psychology", ha encontrado tres factores
que favorecen de forma decidida el sobrepeso o la obesidad
en la adolescencia: hacer un control exagerado del peso, sufrir
depresión y tener uno o los dos padres obesos.
Además de la relativa sorpresa que supone la inclusión
de alguno de estos factores (no el relativo a los progenitores),
el mencionado estudio no encuentra una relación tan
clara en otros factores, considerados de forma generalizada
como predisponentes: consumir comida alta en grasa, darse
atracones y no realizar ejercicio.
La explicación del primer factor, realizar un control
exagerado del peso, puede estar en que ciertas conductas,
como privaciones extremas de nutrientes, comidas muy irregulares,
provocar el vómito o el abuso de laxantes, pueden conducir
a un aumento de la eficacia metabólica o a una alteración
de la homeostasis (procesos de autorregulación del
organismo). La consecuencia puede ser el aumento del peso,
más que su reducción.
En cuanto al segundo factor, la depresión conlleva
niveles bajos de serotonina en el cuerpo, y el organismo puede
intentar recuperar el nivel adecuado de ésta ingiriendo
comidas ricas en carbohidratos.
Por
último, la influencia de los progenitores en este tema
es clara y conocida, tanto en lo referente a factores genéticos
como educacionales y ambientales. No sorprende, por tanto,
su inclusión en esta terna. Y tal es la importancia
de este factor, que las adolescentes que declaraban tener
un padre obeso tenían cuatro veces más probabilidades
de serlo ellas mismas que las que declaraban no tenerlo.
En
lo referente a otros posibles factores universalmente aceptados
como predisponentes a la obesidad (consumir comidas altas
en grasa, darse atracones y no hacer ejercicio), los resultados
no están claros. Si bien no aparecían en las
encuestas como vinculados a la obesidad, experimentos abundantes
y concluyentes, en animales y humanos, afirman lo contrario.
Por ello, los expertos que realizaron el estudio piensan que,
probablemente, las personas encuestadas no informaron correctamente
acerca de estos factores, ya que tienen una apreciación
muy subjetiva.
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