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Es
importante conocer los factores que determinarán en
el futuro la obesidad de un niño. Algunos, por ejemplo
el sedentarismo, se pueden prevenir; otros, como un peso alto
al nacer, sirven de advertencia para estar atentos a la posible
aparición del problema y ponerle solución antes
de que se presente.
Una
reciente investigación sobre la obesidad infantil,
realizada en la Universidad de Glasgow y publicada en British
Medical Journal, revela algunos factores que ya sospechaban
los expertos, y que ahora quedan corroborados. Participaron
8.234 niños de 7 años, realizándose un
estudio adicional más profundo en otros 909 niños,
que incluía a los padres.
En el grupo mayor se encontraron cuatro factores que podían
asociarse al riesgo de obesidad a los siete años: peso
alto al nacer, obesidad de los padres, ver mucho la televisión
(más de ocho horas a la semana, a los tres años
de edad), y dormir poco (menos de 10,5 horas al día,
a la misma edad).
En el estudio adicional se encontraron otros cuatro factores:
tamaño corporal en los primeros meses de vida, aumento
rápido de peso durante el primer año, mayor
crecimiento hasta los dos años y desarrollo temprano
de grasa corporal (en los años preescolares, es decir,
antes que los otros niños).
Si
bien el estudio es interesante, los propios investigadores
advierten que el mecanismo de actuación de estas variables
para aumentar el riesgo de obesidad es complejo. Por ejemplo,
la obesidad de los padres puede favorecer la de los hijos,
pero habría que estudiar en qué medida es por
vía genética o ambiental (como costumbres o
preferencias alimenticias que se inculcan a los hijos, o adquieren
éstos al verlas en sus padres).
De
la misma forma, dormir poco puede afectar a la secreción
de la hormona del crecimiento, o bien aumentar las horas durante
las que el niño puede comer más. O quizá
ocurre que los niños que más se mueven están
más cansados y duermen más. Y ver la televisión
puede ser una buena medida del sedentarismo del niño,
pero también puede hacerle "picar" más
mientras la ve, tomando más calorías y adquiriendo
malos hábitos alimenticios.
En
resumen, este estudio puede advertirnos del riesgo de obesidad
en nuestros hijos, si se dan en ellos varios de los factores
que predisponen a ella, y permitirnos corregir el problema
antes de que aparezca, básicamente inculcando en ellos
costumbres adecuadas en nutrición y favoreciendo su
actividad física. Aunque ahora no se den cuenta de
la importancia del problema, algún día os lo
agradecerán.
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