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No
son tan ligeros como nos hacen creer, suelen ser más
caros y además su consumo nos puede hacer caer en la
trampa de comer más cantidad. No hay que rechazarlos,
pero sí consumirlos de forma juiciosa.
La
normativa española recomienda que, para utilizar la
denominación "light", un producto debe tener
un 30 % menos de calorías que el mismo producto "normal".
Pero en una investigación de Consumer sobre 52 muestras
con esa denominación (u otras análogas como
"diet" o "desgrasado"), se vio que más
de un tercio no lo cumplían. Por añadidura,
tres de cada cuatro son más caros que sus equivalentes
no "light".
La normativa española también recomienda que
en el etiquetado de estos artículos se indique el contenido
nutricional de ambos productos, el "light" y el
"normal". Ninguna de las muestras analizadas cumplía
este requisito, por lo que tendremos que ser nosotros quienes
hagamos la comparación, artículo por artículo.
Teniéndola en cuenta, y también el precio respectivo,
decidiremos qué productos compraremos "light"
y cuáles no. Habrá que tener cuidado, porque
en la investigación citada, los productos que más
subían de precio respecto a sus equivalentes no "light"
(de un 25 a un 63 % más caros) eran precisamente los
que menos bajaban en calorías.
Para ayudar, podemos dar aquí algunas recomendaciones
generales. Los productos que indican "Sin azúcar
añadido", como mermeladas, quizá sean adecuados
para personas diabéticas, pero pueden tener las mismas
e incluso más calorías que los normales, pues
en ellos el azúcar se ha sustituido por fructosa, también
muy calórica. En el caso de la leche condensada, los
cereales para el desayuno, las galletas, la nata y el chocolate,
la reducción calórica es pequeña, y son
por tanto productos muy engordantes, incluso si son "light".
Por el contrario, son muy aconsejables los lácteos
que sustituyen la leche entera por descremada, sobre todo
si el fabricante añade las vitaminas liposolubles que
se han perdido en el proceso. Además de ingerir menos
calorías, consumiremos menos grasas saturadas, que
son poco saludables.
Quizá
la principal prevención que debamos tener con los productos
"light" es la bajada de defensa psicológica
que nos producen: "De este bizcocho me pondré
una buena ración, que como es "light", no
engorda". Y en vez de ponernos una porción de
dos centímetros, como haríamos con uno normal,
nos ponemos una el triple de grande. Con ello tomamos, quizá,
el doble de calorías. No olvidemos que los productos
"light" lo son, y sólo en una pequeña
proporción, si tomamos la misma cantidad.
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