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La
convicción, imaginación y participación
de los pequeños deben ser las armas para lograr que
adquieran unos buenos hábitos alimenticios que les
alejen de la obesidad cuando lleguen a adultos. Es una de
las mejores herencias que podemos dejarles.
Como
es lógico, queremos lo mejor para nuestros hijos: una
buena formación, una infancia feliz, una buena salud...
En cuanto a esto último, la salud, aparte de proporcionarles
la asistencia médica que necesiten, lo mejor que podemos
hacer por ellos es darles unos buenos hábitos alimenticios,
que son la mejor prevención contra la obesidad. Y,
sobre todo, procurar que no ingresen en la edad adulta como
obesos. Esto no es una posibilidad remota, ni mucho menos,
porque hoy día, en España, de cada 10 niños,
4 presentan problemas de obesidad o sobrepeso.
Un primer paso es irles dando una formación nutricional
correcta. Esto lo conseguiremos, poco a poco, explicándoles
la importancia de nutrirse bien: lo que es bueno y lo que
es malo, aquello de lo que no se debe abusar y, sobre todo,
enseñarles con el ejemplo. Aprovecharemos los momentos
de la compra, preparación de los alimentos y al poner
la mesa, para implicarles en estas actividades y que así
puedan asumir como propias las enseñanzas que les demos.
En este sentido, la influencia de la familia es mucho más
poderosa que la de las autoridades, médicos, profesores,
y otros profesionales.
Con respecto a su alimentación, no debemos facilitarles
el acceso a "chuches", bebidas azucaradas, bollería
y demás alimentos poco saludables, y lo mejor es que
no los vean en casa, ni darles dinero para que los compren
ellos. Por contra, hay que favorecer que tomen la cantidad
adecuada de otros alimentos, y quizá los más
importantes, pero problemáticos, puedan ser las frutas,
verduras y pescados.
Con
las frutas y verduras se puede ser creativo y permitir que
ellos también lo sean: una canoa (un plátano)
ocupada por dos indios (dos fresas) será devorada con
más entusiasmo que si las ponemos simplemente en un
plato. Ellos pueden partir la lechuga con formas fantásticas
(mariposas, nubes,...), o convertir un tomate y unas rodajas
de pepino en una carroza. Por cierto: si son un poco mayorcitos,
les encanta batir la fruta, y si la han batido ellos, se la
tomarán hasta la última gota sin rechistar.
También podemos añadir frutas o verduras, finamente
troceadas, a los platos de carne: lomo con puré de
manzana, hortalizas mezcladas con la carne picada, etc.
Respecto
al pescado, lo más importante es comprar piezas que
no tengan problemas de espinas: lomos o filetes de merluza,
emperador, atún,... Debemos fijarnos en las especies
que tienen más aceptación para centrarnos en
ellas, pero cambiando la preparación (a la plancha,
empanados, al horno, ...) para no cansarles. Y no olvidemos
las salsas (bechamel, mayonesa, salsa rosa u otras), que a
veces hacen milagros.
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