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Es
un problema poco conocido y trivializado por mucha gente.
Sin embargo, puede llegar a producir alteraciones graves en
la vida diaria y riesgos importantes. Suele ser, por desgracia,
una complicación más del sobrepeso.
La
apnea del sueño es una enfermedad que afecta al 4%
de los hombres adultos y al 2% de las mujeres. En total, aproximadamente
un millón de españoles. A pesar de estar tan
extendida, suele estar sin diagnosticar en un 90 % de los
casos, y por tanto sin tratamiento. Consiste en frecuentes
pausas respiratorias durante el sueño, superiores a
diez segundos, que se convierte en ligero e interrumpido,
con la consiguiente somnolencia diurna. Además, suele
acompañarse de ronquidos frecuentes, que pueden ocasionar
molestias a otras personas.
Cada pausa respiratoria (y pueden darse hasta 500 en una noche)
obliga al cerebro a despertarse, aunque el paciente no se
dé cuenta de ello. La baja calidad del descanso nocturno
supone una constante somnolencia durante el día. Las
consecuencias para la vida diaria pueden ser cefaleas, fatiga,
mal humor e incluso impotencia. El rendimiento físico
y psicológico disminuye, afectando a la vida personal
y profesional. Por lo que respecta a cuestiones estrictamente
médicas, la mala oxigenación de la sangre puede
provocar hipertensión arterial y disfunciones cardiovasculares.
En los obesos, por supuesto, sería un factor adicional
de riesgo para padecer estas patologías. La apnea del
sueño se asocia, además, a un índice
muy alto de accidentes de tráfico, por tener menos
reflejos y déficit de atención.
El doctor Juan Fernando Masa, miembro del grupo de trabajo
sobre trastornos del sueño de la Sociedad Española
de Neumología y Cirugía Torácica, indica
que la causa de esta enfermedad es la obstrucción de
la garganta cuando se relaja durante el sueño. Y esta
obstrucción tiene mucho que ver con la obesidad, pues
es producida, frecuentemente, por un acúmulo de grasa
en esa zona. De hecho, el 80 % de las personas que la sufren
son obesas o con sobrepeso.
Si
se teme que uno mismo o nuestra pareja pudiera sufrirla, lo
primero es acudir al especialista para tener un diagnóstico
fiable. Si las sospechas se confirman, conviene poner remedio
cuanto antes, pues ya hemos indicado la importante merma en
la calidad de vida que supone, además de los posibles
efectos graves para la salud. La solución deberá
basarse en luchar contra la obesidad que la provoca, siguiendo
una dieta adecuada y ejercicio. También conviene moderar
el consumo de tabaco y alcohol, y prescindir de los somníferos,
que pueden propiciar la apnea al relajar la musculatura de
la faringe. Si eso falla, a veces hay que recurrir a aparatos
respiradores engorrosos y molestos, tanto física como
psicológicamente.
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