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La proteína UCP-2, un ejemplo de la complejidad de la investigación médica

 

complejidad de la investigación médicaCuando se descubrió, parecía una gran esperanza en la lucha contra la obesidad. Investigaciones posteriores han ido diluyendo esta posibilidad, a la vez que se abrían nuevos campos de aplicación para esta proteína.

Muchas veces, la visión del profano acerca de la investigación en medicina es un tanto ingenua: leemos una noticia en un periódico acerca de un descubrimiento médico, y pensamos que en unos meses ya estará la pastilla mágica en las farmacias. Nada más lejos de la realidad. En general, se considera que el plazo medio para obtener un medicamento, desde que se

descubre el principio activo, es del orden de diez años. Y eso, cuando se consigue, que no es, ni mucho menos, lo más usual. La proteína UCP-2, una esperanza para adelgazar, es un ejemplo de la complejidad de la investigación médica.

Hace 30 años se descubrió la proteína UCP-1, implicada en el control de la energía procedente de la quema de grasas en el organismo. Esto hizo concebir esperanzas de poder desarrollar una pastilla para adelgazar. Pero resultó que la UCP-1 abundaba en otros mamíferos, pero no en el ser humano.

En 1.997, Daniel Ricquier, del Centre National de la Recherche Scientifique (Francia), descubrió la UCP-2, proteína, al parecer, equivalente a la UCP-1, pero en el ser humano. Además, y para colmar las esperanzas, su gen se encontraba en una zona del cromosoma relacionada con la obesidad.

Pero se realizaron numerosas investigaciones sobre la UCP-2 y la cosa se fue complicando. Resultó que la proteína en cuestión no se encontraba sólo en el tejido adiposo; también en el músculo, en el cerebro, y en las células productoras de insulina del páncreas. Con ello, parecía claro que su papel debía ir mucho más allá de la mera regulación de la quema de grasas.

De hecho, sus posibles aplicaciones se dispararon: proteger a las neuronas de la degradación, tratamiento de la aterosclerosis (placas de ateroma en las arterias), defensa frente a los radicales libres que producen el envejecimiento, e incluso protección frente a tumores cancerígenos. Como vemos, muchas posibles aplicaciones, y todas ellas importantísimas.

Pero, y por lo que respecta a la obesidad, ¿dónde ha quedado su aplicación como tratamiento para adelgazar? Se sigue investigando, y hace ya ocho años que se descubrió la UCP-2 ( y treinta, la UCP-1). La investigación es difícil, compleja y lenta. Es posible que nunca se obtenga resultado práctico alguno de esta proteína en el campo de la obesidad. De momento, y quizá por mucho tiempo, vayamos a lo seguro: cambiar las costumbres en ejercicio y alimentación. Y mucha voluntad.

Fuentes: El País, 2005 y elaboración propia