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Nadie
duda de que una epidemia de obesidad nos invade, ni tampoco
de las consecuencias tan graves que está teniendo para
nuestra salud. Las cifras son concluyentes y no vamos a insistir
sobre eso. Pero también hay consenso entre la comunidad
científica acerca de las causas de esta obesidad. Y
los culpables son, sin duda alguna, los nuevos hábitos
en nutrición y el sedentarismo. Hay que cambiarlos.
La
preocupación a nivel mundial es de tal calibre que
la Asamblea Mundial de la OMS aprobó en mayo del año
pasado la Estrategia Mundial sobre Régimen Alimenticio,
Actividad Física y Salud, y pidió a los países
miembros que desarrollen su propia estrategia nacional para
luchar contra la obesidad. En España, siguiendo esas
recomendaciones, se ha desarrollado la Estrategia NAOS.
Respecto a las causas de esta obesidad, los expertos lo tienen
claro: la culpa es de los nuevos hábitos alimenticios
y el sedentarismo. Entre los primeros, el abandono paulatino
pero decidido de dietas saludables (y en España tenemos
quizá la mejor: la dieta mediterránea), en favor
de comidas rápidas, muy calóricas y ricas en
grasas, está haciendo que tomemos más calorías
de las necesarias, concretamente un 19 % más, según
datos del Ministerio de Sanidad, y además de peor calidad.
Respecto al sedentarismo, los cambios laborales, de pautas
de ocio, y de costumbres en general, aparecen como principales
causas. Los trabajos tienen cada vez menos exigencias físicas,
y en cuanto al ocio, los niños han sustituido las carreras,
la bici, el pañuelo y el pilla-pilla por la televisión,
el vídeo y la consola. De correr, han pasado a estar
sentados, y a los mayores nos ocurre lo mismo, en gran medida.
Sobre
las causas de estos cambios en las costumbres habría
mucho que hablar. Probablemente el ritmo de vida acelerado,
oscuros intereses industriales, la publicidad y ciertas corrientes
de pensamiento o modas (el marquismo, "lo envasado es
más moderno y mejor", "comer hamburguesas
es joven y divertido",...) tienen mucho que ver con ello.
De
cualquier manera, y con independencia de cuales sean las causas,
lo que parece evidente es que hay que cambiar esos hábitos
que son tan perjudiciales para nuestra salud. Y no hablamos
de estética, autoestima, ni otros aspectos psicológicos,
que también tienen su importancia. Comamos menos y
mejor, y hagamos más ejercicio. Nos sentiremos mejor
física y psicológicamente, y veremos que el
esfuerzo merece la pena. Hagámoslo poco a poco pero
decididamente; nos va mucho en ello.
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