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Muchas mujeres padecen obesidad varios años después de la menopausia

 

Si bien en España el 14 % de las mujeres adultas padece obesidad, esta proporción sube al 40 % cinco años después de llegar a la menopausia. Aparte del aspecto estético, que no es desdeñable, esto puede suponer importantes problemas de salud. Se impone, pues, adoptar medidas durante estos años.

El doctor Santiago Palacios, presidente de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia y de la Fundación Europea Mujer y Salud, indica que, cuando llega la menopausia, disminuye el metabolismo general, por lo que la mujer suele aumentar su peso, de forma que el cuarenta por ciento de las mujeres es obesa cinco años después de la menopausia. Además, cambia la distribución de la grasa, que pasa de ser de periférica a central o androgénica, lo que supone un riesgo cardiovascular adicional. Por si esto fuera poco, la mujer obesa tiene una mayor producción hormonal que la delgada, con lo que aumenta el riesgo de cáncer de mama.

Parece claro, pues, que en el momento de llegar a la menopausia hay que extremar la vigilancia del peso, y tomar medidas si vemos que aumenta más de lo debido. La doctora Noemí de Villar, endocrinóloga de la Clínica La Luz de Madrid, indica que mucha gente se pone a dieta, pero a los dos días de pasar hambre se da un atracón, con lo que no adelgaza y vuelve a ponerse a dieta. Es el conocido y perjudicial efecto "yo-yo". Con la falta de resultados perdurables, falla el aspecto sicológico, que es fundamental para luchar contra el sobrepeso.

Para prevenir la obesidad, los expertos aconsejan disminuir la ingesta de calorías, sobre todo en la última parte del día. También es muy importante una actividad física moderada, pues si bien contribuye poco a la pérdida de peso, es fundamental para mantener el objetivo conseguido, hasta el punto de que la doctora Villar considera que el 80 % del éxito de no recuperar el peso perdido se debe al ejercicio.

En resumen, lo importante es ir modificando los hábitos alimentarios a la vez que se practica un ejercicio físico de forma moderada pero constante. La dieta debe adaptarse a las necesidades y peculiaridades de cada persona: peso, edad, sexo,... Y todo ello, a un ritmo razonable: de 2 a 5 kilos durante los dos primeros meses (de medio a un kilo por semana), y a partir de ahí un kilo al mes. Termina la doctora Villar que, si conseguimos reducir de forma perdurable un 10 % del peso, tendremos un beneficio importante para nuestra salud.

En ciertos casos podría ser necesario un tratamiento farmacológico complementario, que puede estar indicado cuando el IMC es igual o superior a 30, o si es algo menor pero existe alguna enfermedad asociada que pueda empeorar el problema. Siempre, por supuesto, bajo supervisión médica.

Fuentes: Azprensa y El Médico Interactivo, 2.005