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Pueden
ser una pequeña ayuda para adelgazar, pero no la base
de nuestra alimentación. Además, hay que saber
qué contiene, realmente, cada producto concreto, y
no aceptar sin más la etiqueta "light".
En
primer lugar, conviene hacer alguna precisión acerca
del término "light" (ligero, en inglés).
La normativa española exige que, para poder utilizar
esta palabra en un producto, debe tener un 30 % menos de calorías
que otro análogo normal. Pero en realidad, la mayoría
no cumplen el mencionado porcentaje: en un estudio realizado
por la Unión de Consumidores de España (UCE),
de 14 productos testados, sólo 2 alcanzaban la mencionada
reducción.
Por otra parte, no hay que confundir términos que a
veces pueden parecer análogos: "dietético"
hace referencia a un producto más sano o equilibrado
(por ejemplo, sin gluten, sin conservantes,...) pero no necesariamente
menos engordante. Lo mismo ocurre con "integral",
que es más sano por tener más fibra, minerales
o vitaminas, pero con el mismo contenido calórico que
el refinado.
Lo más inteligente es consultar las etiquetas, al menos
hasta que sepamos qué artículos comprar. Debemos
mirar, sobre todo, el contenido calórico por 100 gramos,
y comparar unos productos con otros. Un chocolate puede ser
sin azúcar, pero con las mismas grasas y casi las mismas
calorías. Una mermelada puede anunciarse con edulcorantes
no calóricos, pero llevar fructosa, que es muy engordante.
Tras las comparaciones, conviene apuntar cuál es el
producto más adecuado, para ahorrar tiempo en compras
posteriores.
Pero
esto no es todo porque, adicionalmente, podemos hacer un uso
inadecuado de estos productos. Por ejemplo, los edulcorantes
pueden estimular el apetito y, consumidos en exceso, provocar
algunos problemas de salud. Si se trata de un niño,
hay que proceder con cuidado y bajo la supervisión
de un especialista, pues el consumo de algunos productos light
puede privarle de vitaminas u otros elementos necesarios para
su desarrollo.
Otro
error que podemos cometer es sustituir una determinada cantidad
de un producto normal por una cantidad doble o triple de producto
"light", que quizá tenga menos sabor o sacie
menos. Al final, podemos engordar más y, desde luego,
gastarnos más dinero.
Por
último, no debemos usar los productos "light"
solamente para tranquilizar la conciencia tras incumplir nuestros
objetivos. Es el caso del que se toma de postre una buena
ración de tarta pero, eso sí, el café
con sacarina. Una cosa no compensa la otra. Y tengamos en
cuenta que son entre un 20 y un 50 % más caros que
los normales.
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