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Al
parecer, sí. Esta es, al menos, la conclusión
más importante de un trabajo realizado en el Departamento
de Fisiología y Nutrición de la Facultad de
Farmacia de la Universidad de Navarra, que ha merecido un
premio internacional concedido por la revista médica
Clinical Science.
Este
trabajo surgió al observar que la ingesta de grasas
saturadas puede inducir el desarrollo de la obesidad, pero
si en vez de saturadas, las grasas son de cierto tipo (ácidos
grasos poliinsaturados procedentes de aceites de pescado),
el efecto parecía ser el contrario: prevenían
la obesidad y mejoraban la resistencia insulínica.
La razón de este efecto, aparentemente sorprendente,
parece ser que algunas de estas grasas poliinsaturadas favorecen
la secreción de leptina, una hormona implicada en la
regulación del peso corporal: a más leptina,
menor peso. Ya hemos hablado con anterioridad de esta importante
hormona (ver, por ejemplo, los artículos "La
leptina, una esperanza para tratar la obesidad" y
"¿Se podrá evitar
la obesidad desde el nacimiento?").
Si bien las pruebas de laboratorio que han servido de base
al trabajo mencionado se han realizado únicamente en
ratas, las conclusiones provisionales obtenidas abundan en
la idea de que la ingesta de algunas grasas es beneficiosa
para la salud y para el control del peso, idea mantenida ya
con anterioridad por algunos expertos, en base a su experiencia.
Habrá que esperar el desarrollo de más investigaciones
y, si se confirman estos resultados, podrían ser la
base de tratamientos para la obesidad.
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