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Los
niños y adolescentes son mucho más vulnerables
a la publicidad de las empresas de alimentación y a
las máquinas dispensadoras de bebidas y aperitivos.
Si
consideramos a la obesidad como algo perjudicial para la salud
(y lo es); si la consideramos además como una epidemia
que afecta cada vez a más personas (y, según
los expertos, también lo es, e incluso pronto superará
al tabaco en daño sanitario a la sociedad), entonces
hacemos bien en luchar contra ella, básicamente adquiriendo
hábitos saludables en nutrición y con un ejercicio
adecuado.
Pero, si bien los adultos tenemos criterio y somos, en general,
conscientes de la importancia del tema, no ocurre lo mismo
con nuestros niños. Están desarmados frente
al peligro de la obesidad, porque no conocen el problema,
no saben que muchas veces la obesidad se fragua en la niñez,
ni saben tampoco los problemas de salud que les puede acarrear
en el futuro. Pero en ocasiones, no sólo no les ayudamos,
sino que les empujamos a ella, probablemente sin darnos cuenta.
Y casi siempre el problema está en que les creamos
malos hábitos alimenticios, que deberán cambiar
en la edad adulta, enfrentando un problema que les podríamos
haber evitado.
Las autoridades parecen ser conscientes del problema y empiezan
a reaccionar, aunque lentamente. En este sentido cabe interpretar
algunos movimientos que se han producido recientemente por
parte de la Administración y los expertos. Así,
representantes de la Sociedad Española para el Estudio
de la Obesidad y de la Sociedad Española de Endocrinología
y Nutrición pidieron que se prohíba la instalación
de máquinas expendedoras de comidas energéticas
y bebidas azucaradas en los colegios. Así se quiere
luchar contra los malos hábitos que llevan a la obesidad
infantil.
Por
otra parte, en una actuación financiada por las autoridades
españolas y la Unión Europea, se quiere promocionar
el consumo de frutas y hortalizas en los colegios españoles.
La campaña llegará a 400.000 escolares entre
los años 2.004 y 2.006, y pretende crear en nuestros
niños el hábito de consumir cinco raciones diarias
de frutas y hortalizas.
Esta
preocupación por nuestros menores también nos
llega de otros países. El Gobierno británico,
por ejemplo, tiene previsto limitar la publicidad de "comida
basura" durante el horario televisivo infantil (de 6
a 9 de la tarde), con el fin de reducir la obesidad de sus
niños y crear en ellos hábitos alimenticios
saludables. Quizá nuestras autoridades deberían
tomar nota y actuar en consecuencia.
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