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Cada
vez son más los que la siguen, pero a nivel de expertos
la polémica continúa, basándose en los
resultados de estudios que indican que, a largo plazo, su
efecto es similar a la dieta de restricción calórica.
Ésta, además, tiene menos riesgos y efectos
secundarios .
La
conocida dieta Atkins para rebajar peso, consistente en reducir
drásticamente la ingesta de hidratos de carbono, está
teniendo últimamente un auge enorme, sobre todo en
Estados Unidos. Pero este auge se está viendo acompañado
de una encendida polémica acerca de su efectividad
a largo plazo y sus posibles efectos secundarios, comparada
con la dieta de reducción calórica.
Intentando
simplificar un poco, son los usuarios (es decir, los que quieren
rebajar peso) y muchas empresas de productos de alimentación
los que elogian y fomentan la dieta Atkins (u otras semejantes
basadas en la restricción de hidratos), mientras los
médicos, dietistas y expertos se muestran bastante
más críticos. Veamos las razones de cada parte.
Lo que nadie parece discutir es que, a corto plazo, la Atkins
es mucho más efectiva que la dieta de restricción
calórica, y más fácil de seguir. Y esto,
por supuesto, gusta a los que quieren reducir peso, ya que
ven recompensados sus esfuerzos de inmediato. Por si fuera
poco, se mejoran también ciertos parámetros
como el colesterol y los triglicéridos.
Por
su parte, la industria alimentaria parece haber encontrado
un filón en esta especie de obsesión nacional
en que se está convirtiendo la dieta Atkins, y está
sacando multitud de productos bajos en hidratos de carbono:
cervezas, pan, menús de comida rápida, galletas,
y así hasta más de 600 productos en lo que va
de año.
Pero
los expertos no lo ven tan claro, y se basan en varios estudios
al respecto. La revista científica "Anales de
Medicina Interna" recoge dos trabajos sobre el tema.
En el primero de ellos, realizado sobre 132 adultos con un
peso medio de 130 kilos, la mitad siguió una dieta
Atkins y el resto una de restricción calórica.
A los seis meses, los primeros habían perdido, en promedio,
6 kilos; los que siguieron la restricción calórica,
sólo 2. Pero al cumplir el año, ambos grupos
se igualaron. La dieta Atkins parece funcionar sólo
al principio, y es más difícil de mantener a
largo plazo que la de restricción calórica.
Respecto a la analítica, tampoco había diferencias
sustanciales entre ambos grupos.
Un segundo trabajo, financiado por la Fundación Atkins,
concluyó que es más efectiva la restricción
de carbohidratos, pero pueden aparecer algunos efectos indeseados,
como estreñimiento, dolores de cabeza, mal aliento,
náuseas, debilidad y calambres. Así, en caso
de elegir esta dieta, debe hacerse siempre bajo estricto control
médico. Algunos pacientes del estudio, por ejemplo,
debieron abandonarla al subirles peligrosamente el colesterol
"malo".
A
modo de conclusión, citamos la opinión de Walter
Willet, de la Escuela de Salud Pública de Harvard (USA)
en el editorial de la mencionada revista. Tras mostrarse escéptico
con respecto a la dieta de restricción de hidratos,
aunque sin descartarla, apuesta por la reducción calórica
y el ejercicio. Pero sobre todo, insiste en encontrar una
manera de adelgazar que se pueda mantener indefinidamente,
y no limitarse a una dieta que logre sólo una rápida
pérdida de peso.
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