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A veces los miramos con cierta
indulgencia, pero lo cierto es que los productos milagro se
venden en cantidades enormes, perjudicando a miles de personas.
La información es la mejor defensa contra ellos.
Ya
hemos hablado muchas veces de los productos milagro y el perjuicio
que pueden hacer, tanto para nuestro bolsillo como, lo que
es peor, para nuestra salud. Pero además, pueden hacer
un daño indirecto si nos centramos en una solución
ilusoria y descuidamos los caminos más realistas y
efectivos, de forma que, cuando descubrimos el engaño,
nuestra situación es peor que al principio.
Pero estos productos milagro no se venden solos, sino que
utilizan una publicidad muy particular, pseudocientífica,
más efectiva de lo que muchos creen. El problema es
que, mientras los productos farmacéuticos y medicamentos
están sometidos a estrictos controles, y su publicidad
también, hay toda una gama de productos de pretendida
finalidad sanitaria que no están sometidos a estas
normas, o bien sí lo están pero se las saltan.
Cuando el correspondiente procedimiento sancionador va a ejecutarse,
desaparecen y vuelven a emerger con otro nombre.
La Asociación de Usuarios de la Comunicación
ha realizado un estudio analizando la publicidad pseudocientífica
de estos productos y poniendo en evidencia sus prácticas
ilícitas. En primer lugar, presentan lo que no es más
que un mensaje publicitario como si fuera información
científica. Además, suelen incluir el testimonio
de supuestos profesionales sanitarios y/o usuarios del producto.
Los primeros explican cómo funciona y los segundos
sus increíbles resultados.
En
general, se ofrecen como alternativa a los medicamentos, pero
más baratos y sin efectos secundarios, afirmación
esta última evidentemente temeraria, habida cuenta
los inmensos recursos que destinan los laboratorios para investigar
estos efectos en sus productos. Como indica el médico
Ramón Pedragosa, los daños que pueden ocasionar
estos productos milagro pueden ser serios, y especialmente
en el caso de estar destinados a perder peso.
Para
defendernos de ellos, además de presentar demandas
ante la Administración y los Tribunales, debemos obtener
información veraz a través de verdaderos especialistas
o del médico de cabecera. Y, sobre todo, utilizar la
lógica más elemental: "si lo que dicen
fuera cierto, ¿cómo es que no lo están
fabricando ya los grandes laboratorios?" Este argumento,
de lógica aplastante, suele dejar fuera de juego a
estos dañinos productos. Utilicémoslo.
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