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No
se trata de que cada miembro de la familia coma a la carta,
pero lo cierto es que las necesidades nutricionales son distintas
para cada edad, tanto cuantitativa como cualitativamente.
No tenerlo en cuenta lleva, con frecuencia, a la obesidad.
Es
una creencia extendida, pero errónea, pensar que la
única diferencia en las necesidades nutricionales de
personas de distinta edad es sólo cuantitativa: un
gran plato para el padre, algo menos para el niño y
bastante menos para el abuelo. La realidad es que, además
de la cantidad, también debemos variar el tipo de comida,
y tener en cuenta otros factores, como la actividad desarrollada.
Los niños pequeños son muy vulnerables y sus
necesidades nutricionales son fundamentales, debido a su gran
crecimiento (triplican su peso en el primer año) y
a la necesaria prevención de enfermedades y otras patologías.
Hay que atenerse estrictamente a las indicaciones del pediatra,
introduciendo los distintos alimentos sólo cuando éste
lo vaya indicando.
A partir de los tres años, su crecimiento es menor
pero aumenta su actividad. Por ello, y en relación
a la cantidad, habrá que tener en cuenta la constitución
del niño y la intensidad de dicha actividad (deportes,
niño más o menos activo,
) y proporcionarle
el alimento necesario, pero no excesivo, si no queremos convertirle
en un futuro obeso. En este periodo es muy importante ir inculcándole
hábitos correctos: restringir "chuches",
valorar las frutas y verduras, etc. También hay que
vigilar que no tenga carencias y darle una alimentación
equilibrada. Si come en el colegio, hay que comprobar que
el menú sea adecuado, en cantidades correctas, y que
se lo toma todo, sin desechar, por ejemplo, los primeros platos.
Durante
la adolescencia, las necesidades nutricionales aumentan, pero
lo más significativo es que aparecen distorsiones derivadas
del exterior: modas (por ejemplo, frecuentar en exceso hamburgueserías),
la importancia de la imagen (que puede llevar, si es obsesiva,
y junto a otros factores, a la anorexia y otras patologías
graves), desorganización de horarios, y otras. El adolescente
va teniendo su propia personalidad y no se deja imponer una
determinada dieta fácilmente, por lo que cobra ahora
gran importancia la educación nutricional que se le
haya dado con anterioridad.
Sobre
el adulto, poco más se puede añadir a lo dicho
reiteradamente en nuestro Boletín y en otros medios,
pues en general nos referimos a él cuando hablamos
de nutrición: alimentación equilibrada y no
excesiva, serían las dos ideas fundamentales.
En
la tercera edad, la actividad va decreciendo, por lo que las
cantidades ingeridas también deben hacerlo, si no queremos
ir cayendo paulatinamente en la obesidad. Habrá que
prestar especial atención a la posible aparición
de ciertas patologías, como la hipertensión,
que pueden condicionar la dieta. Seguir siempre las indicaciones
del médico, que puede restringir algunos alimentos
e indicar otros.
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